Lo que se considera una droga de fiesta es bastante relativo. Lo que se considera un colocón deseable puede cambiar según el lugar, según el tipo de fiesta o ir a cambiando con el tiempo. También según el grupo de gente o entre generaciones.
Si hablamos de “drogas de fiesta”, quizás todo el mundo estaría de acuerdo en que el alcohol lo es, porque realmente es la sustancia más normalizada en nuestro contexto y la que más se consume, según las estadísticas, así que no hay mucho debate. Y quizás también estaríamos de acuerdo en que el mdma es una droga “de fiesta”, ya que es muy anecdótico que la gente la consuma en otros contextos. Son sustancias que se asocian con la sociabilidad, el disfrute, con la conexión con otras personas y con el ambiente.
Pero en los últimos meses se han hecho presentes consumos en espacios de fiesta de otras sustancias que, a primera vista, no todo el mundo asociaría a estar conectando con otros, con la música o el baile. En este caso hablamos de los globos o cremdelux, de poppers en algunas ocasiones o incluso, de forma mucho más anecdótica, del cloretilo.
¿Qué son estas sustancias y qué tienen en común?
Realmente estas sustancias, en cuanto a composición y funcionamiento en el organismo, tienen pocas cosas en común entre ellas. Pero, por otra parte, tienen algunas similitudes muy importantes.
En cuanto a los globos o el óxido nitroso, hemos explicado cosas aquí y aquí. En resumen, es un gas incoloro que se presenta en formato de gas comprimido en cápsulas y bombonas, que se descarga en globo para inhalarlo. Es una droga con efectos anestésicos ─pérdida temporal de la sensibilidad en general y posible pérdida de la conciencia─, analgésicos ─pérdida de la sensibilidad para el dolor─ y disociativos ─sensación de desconexión con el entorno externo, los propios sentidos y la conciencia, también de forma reversible-.

Y en cuanto a los poppers también, aquí y aquí. En resumen, son un conjunto de sustancias como el nitrito de amil, el nitrito de isobutil y el nitrito de alquilo, presentadas en estado de líquido incoloro en pequeñas botellas de vidrio para poder inhalar directamente del frasco. Sus efectos son la vasodilatación y relajación muscular, así como sensación de euforia, de intensificación de la percepción sensorial y de colocarse.
Por otra parte, del cloretilo no hemos hablado. En resumen, se trata de un gas, el cloruro de etilo, que se utiliza como espray de anestesia local, especialmente porque está a temperaturas muy bajas, ya que desensibiliza las terminaciones nerviosas de la zona donde se aplica. Sus efectos son eufóricos y excitatorios, y también pueden ser analgésicos, de evasión y desconexión del entorno o disociación.
En lo que se refiere a las cosas que tienen en común, una de las cosas importantes es que estos gases o inhalantes son productos legales con usos industriales o médicos. Así que son relativamente accesibles e incluso económicos, comparado con otras sustancias.
Otra de las cosas que comparten es que suelen consumirse en contextos en los que se están consumiendo otras sustancias. Es decir, es probable que se esté consumiendo también alcohol o incluso cannabis. Así que extrañamente estas sustancias se tomen como consumo único y sin interacciones con otras.
También tienen en común que pueden generar una sensación de intensa euforia, desinhibición, mareo o desconexión.
Y uno de los hechos más determinantes: que los efectos aparecen casi inmediatamente y son habitualmente muy cortos. Vamos a detenernos un momento en esta cuestión.
¿Subidas rápidas, efectos cortos?
La rapidez entonces es la característica principal que comparten estas substancias. Tanto de la subida, de los mismos efectos, como de la bajada.
Como ya hemos comentado varias veces, la forma de consumir una sustancia afecta a sus efectos. Al inhalar, la llegada casi inmediata de la sustancia a los pulmones permite una absorción muy rápida por parte del organismo: el gas o aerosol llega al torrente sanguíneo y, en consecuencia, al cerebro en cuestión de segundos. Esta rapidez comporta que la percepción de la aparición de los efectos, o subida, sea generalmente bastante o muy intensa. Más aún si se compara con el consumo por otras vías como, por ejemplo, el oral con el alcohol o el mdma.
Así como decíamos, esta rapidez comporta también una duración muy corta de los efectos de las sustancias. En la mayoría de las ocasiones, segundos o, como máximo, minutos.

¿Efectos cortos, menores riesgos?
Esta sensación huidiza y rápida a menudo se traduce en una percepción de los riesgos mucho menor. Es decir, si se consume poco y los efectos son breves, esto querrá decir que el impacto en uno mismo o misma es también «poco y breve». Esta percepción puede verse reforzada por el estatus legal de estas sustancias (o el hecho de que haya otras ilegalizadas), entendiendo que si son legales es que tendrán pocos peligros.
Generalizando un poco (y sabiendo que cada sustancia tiene sus impactos específicos), algunos riesgos que comparten son: la imprevisibilidad de los efectos, la dificultad de controlar las dosis, el riesgo de redosificación excesiva en período cortos de tiempo, el riesgo de accidentes (caídas, pérdidas de conciencia o desmayo), o afectaciones inmediatas al cerebro, como la posible falta de oxígeno (globos) o la bajada de tensión (popper). Además de las posibles irritaciones, quemaduras o lesiones de la boca y nariz, las vías respiratorias o los ojos.
Por otra parte, como hemos comentado, estas sustancias suelen consumirse, especialmente en contextos de fiesta, mientras también se están consumiendo otras, como por ejemplo el alcohol. Las interacciones con otras sustancias no sólo aumentan sus riesgos (las interacciones con depresores suelen ser una idea terrible) sino que pueden distorsionar la percepción de los efectos y enmascarar las responsabilidades de posibles malestares, contribuyendo de nuevo a la baja percepción de riesgo. Es decir, si pienso que el popper es inocuo y tiene bajo riesgo, y me encuentro mal, probablemente entonces “culparé” al alcohol del malestar.
¿Y la fiesta?
En resumen, los consumos de estas sustancias pueden parecernos menos nocivos, muy asociados a momentos puntuales y de poca duración y que no nos comprometen mucho la fiesta. Comparando con las drogas que decíamos al principio, como el alcohol y el mdma, no hay que estar consumiendo mucho rato ni tampoco se alargan horas sus efectos, no sabiendo cómo acabaremos. Pero al igual que el resto de sustancias, tienen sus propios riesgos e impactos específicos. Además, una mala caída, una lipotimia o un mal viaje pueden arruinar la fiesta de cualquiera.

