Hoy en día es difícil encontrar a alguien que no haya hecho alguna compra por internet; sea de un producto muy específico que cuesta encontrar en el pueblo o en el barrio o sea de una comida, alguna noche que no podíamos cocinar para todo el mundo. Sin embargo, las compras a través de internet son un fenómeno que en los últimos años se ha disparado exponencialmente.

Hablamos de compras online para referirnos a todas las fórmulas de compra y venta que podemos realizar a través de internet. Webs de tiendas y cadenas de supermercados (que pueden enviarte el producto a casa), aplicaciones de compra y venta de segunda mano, compras de accesorios en plataformas de videojuegos, compra de servicios y billetes para viajar…

Actualmente en la pregunta “¿qué podemos comprar online?”, la respuesta es “todo”.

Tienen su punto…

La comodidad de comprar desde el sofá de casa (o desde cualquier sitio), sin tener que ir a las tiendas (ahorrando tiempo de desplazamientos y colas, evitando horarios que no nos encajan, etc.); la opción de comprar productos que sólo se venden en el otro lado del mundo… (o de nuestra ciudad); consultar con poco tiempo muchas opciones distintas; comprar y vender cosas que ya no utilizamos; pedir comida en casa antes incluso de abrir la nevera; descubrir productos que sólo podemos adquirir y mantener de forma online (como los NFTs); y muchas más posibilidades.

La sensación de inmediatez, además, nos ofrece a menudo una gran satisfacción, quizás breve, pero gratificante. Y poder hacerlo de forma sencilla, sin que los pagos sean muy complicados, refuerza la idea de lo fácil que es comprar a través de internet. ¿Podemos hacerlo incluso sin utilizar dinero (saldos internos de la aplicación, monedas virtuales…)?

A menudo se venden las compras online como algo más rápido y más barato. Aunque deberíamos preguntarnos si realmente es así: ¿Para quién es más rápido o barato?

Qué hay detrás…

Detrás de fotografías espectaculares (desde diferentes ángulos, imágenes 360º, con modelos importantes…), vídeos y simulaciones, a menudo se esconden estrategias publicitarias que enmascaran la realidad de lo que podemos comprar. ¿Os suena aquello de “Lo que compro por internet vs. lo que me llega a casa”?

Pero las estrategias de venta no sólo tienen que ver con las imágenes. También con la optimización de los procesos de pago (fáciles de hacer en muy pocos pasos y en una sola página, con métodos muy diversos…), la publicidad pensada para maximizar las ventas en las redes sociales y en otras plataformas, la posibilidad de hacer listas de lo que querrías comprar (aunque no lo compres), las ofertas o cupones de descuento, y un largo etcétera. La mayoría de estas estrategias buscan en realidad que comparemos menos y compremos más impulsivamente. Y por tanto cambiemos nuestra actitud hacia todo lo que podemos comprar, poniéndolo mucho más difícil para discernir entre deseo y necesidad o para controlar el gasto. Se calcula, por ejemplo, que el 30% de la ropa que se compra a través de internet se devuelve.

De hecho, uno de los mayores impactos medioambientales de las compras por internet es todo lo relacionado con la entrega inmediata y los retornos de productos. Si bien, detrás de las compras online hay industrias, trabajadores y trabajadoras y un impacto medioambiental similar al habitual, en este caso aumenta con el proceso de envío, empaque, transporte, y retornos.

Si no compramos online…

Potenciaremos el comercio local y tendremos la opción de hacer compras más ecológicas (con menos desplazamientos, menos empaque… y en definitiva un menor impacto medioambiental).

Será más fácil no dejarnos llevar por la impulsividad y comparar mejor o valorar lo que necesitamos (qué tipo de producto buscamos exactamente). Además, podremos comprobar las características del producto antes de comprarlo y dejarnos aconsejar por las personas que saben de ello. Esto nos permitirá realizar un consumo más crítico y con menor impacto.

No estaremos obligadas a tener tarjetas de crédito, vincular las cuentas u obtener otros sistemas de pago obligatorios. Además, seguramente nos ahorraremos caer en publicidades engañosas o incluso en estafas o pagos fraudulentos, ya que no siempre es fácil verificar las plataformas que utilizamos para pagar.

Si compramos online…

No confundamos comprar productos con ocio o entretenimiento. ¿Podemos disfrutar sin gastar dinero y sin consumir productos?

Procuramos pensar previamente qué queremos y para qué lo necesitamos, evitando dejarnos llevar por la publicidad y las ofertas. Comparamos los precios y validamos si realmente podemos comprarlo sólo por internet o tenemos opciones presenciales cercanas.

Buscamos opciones que permitan recoger el producto en un punto y ahorrar el máximo de desplazamientos innecesarios en vehículo. Y si hay que hacer entregas, ¿podemos escoger opciones sostenibles como la bicicleta?

Pensamos bien si todos los envíos deben ser urgentes.

Si tenemos que elegir entre grandes cadenas o tiendas locales que también venden por internet, ¡elegimos las de proximidad!

Buscamos comprar productos de segunda mano o que tengan garantía, opción de reparación, etc.

Verificamos que la plataforma de pago sea segura para evitar estafas o pagos fraudulentos.

Evitamos guardar los datos bancarios o económicos en las webs y aplicaciones para no realizar compras impulsivas.

Procuramos no realizar devoluciones.

Guardamos siempre los recibos. Todos los pagos con tarjetas u otros métodos virtuales permiten reclamar cantidades pagadas, solicitar cancelaciones y devoluciones del importe, etc.

Prestamos especial atención cuando…

Las ofertas parezcan muy llamativas y las condiciones de las compras y entregas o devoluciones no sean claras. Es importante saber si podremos contactar o no con quien vende el producto o reclamar en caso necesario, si existen gastos adicionales, etc.

Si eres una persona nerviosa o con tendencia a la impulsividad procura realizar siempre una comparación entre ofertas (se pueden utilizar herramientas que permiten la comparación de la evolución de los precios de un mismo producto), realiza un presupuesto previo a realizar el gasto y deja pasar un par de días antes de comprar. Evita los pagos a crédito.

Si comprar te hace sentir alivio o te quita momentáneamente los nervios o la ansiedad, quizás nos está pasando otra cosa y las compras nos despistan.

Si no llevas bien la economía, si te cuesta controlar lo que te gusta y lo que quieres, o crees que te resulta fácil caer en publicidades engañosas, procura evitar las compras online.

La híper-conectividad, la crisis económica, el teletrabajo o los estudios a distancia, sumado a la publicidad 24/7 y cómo nos sentimos, a veces nos pueden llevar a situaciones de preocupación excesiva por las compras o a comprar cosas innecesarias, llegando a situaciones de endeudamiento. Si nos encontramos en alguna de estas situaciones, buscamos con quien hablar de ellas para resolverlo.