Consumimos mucho contenido vía streaming aunque no sepamos muy bien qué quiere decir. Se trata de todo lo que vemos y oímos directamente desde internet sin tener que descargar o descargar en el dispositivo, dependiendo directamente de una App o plataforma (que es quien propone las condiciones de qué vemos y cómo lo vemos). Con anuncios, sin anuncios, de reproducción automática, encadenados, sugeridos, con suscripción, de pago mensual, etc.
Estamos consumiendo en streaming cuando vemos vídeos de Youtube, nos conectamos durante horas a un directo de Twitch, hacemos un binge watching de la última serie de Netflix, HBO o cualquier otra plataforma, escuchamos un podcast en Ivoox o música en Spotify mientras volvemos hacia casa.
Tienen su punto…
Podemos estar al día de música, series, noticias, películas, tendencias, juegos… sin tener que pensar demasiado ni dedicarle demasiado tiempo a la investigación. La plataforma nos propone y propone horas y horas de contenido sin fin. Y “adaptado” a nuestros gustos…
Tenemos lo que parece una gran variedad de contenidos en dos o tres clics, en un único dispositivo. A cualquier hora y sin horarios que nos restrinjan.
Podemos seguir con cierta facilidad a personas, colectivos o grupos que hacen cosas y crean contenido que nos parece interesante.
Nos permite acceder al contenido del que todo el mundo está hablando, pero también nos permite salir del contenido mainstream: acceder a pequeños nichos que nos interesen y no tengan cobertura en los grandes medios, encontrar joyas o rarezas, etc. Incluso interaccionar con ellos y encontrar una “comunidad” en torno a un tema o ámbito concreto.
Algunas plataformas permiten y facilitan que cualquier persona pueda participar y crear sus aportaciones para compartirlas con el resto.
Qué hay detrás…
Estas grandes plataformas marcan todas las condiciones y la única opción que nos dan es aceptarlas o no. No sólo de sus formatos, sino también de sus contenidos. Lo que triunfará en el algoritmo, lo que será más visible o estará más “promocionado”, lo que aparecerá en las páginas de sugerencias, lo que podrá tener publicidad y por tanto generar dinero a las personas que lo han hecho…
En muchos casos, y especialmente en los contenidos de ficción –pero no sólo– se trata de las propias productoras de medios y entretenimiento de toda la vida, que ya están petadas de dinero. ¿Nos suenan nombres como Amazon, Disney o Google?
Se promete mucha variedad (y diversidad e inclusión…) pero finalmente se produce lo que hará dinero y que fidelizará al mayor número de público posible… Si algo no hace dinero rápidamente, se cancela o se deja de hacer.
Se dice que el contenido es personalizado, a medida para ti, según tus intereses… pero curiosamente todo el mundo acaba viendo lo mismo.
Fomentan que consumamos muchos contenidos en muy poco tiempo, sin pausa ni reflexión. Nos hemos visto una serie en una tarde, pero ¿la recordamos bien una vez ha pasado una semana?
Muchas de las plataformas no tienen suficiente con las suscripciones y hacen dinero con la publicidad: anuncios clásicos, banners, productos que se promocionan, merchandising… publicidad de todo tipo y en todas partes. Además, abundan las prácticas de publicidad encubierta (por parte de instagramers, twichers, youtubers…), aquella en la que nos están promocionando productos para venderlos sin admitir (o avisar) que lo hacen.
En estas plataformas, a los y las pequeñas creadoras se les promete poder vivir de su pasión y después se encuentran con que deben invertir horas y horas en jornadas agotadoras para poder sacar algún tipo de beneficio (a menudo muy pequeño), explotandose a sí mismas y a menudo perdiendo la salud (también la mental).
Si no usamos…
No estaremos tantas horas tragando publicidad, promociones, etc.
No dependeremos de los datos, del wifi… de la conectividad 24/7. Ni nos pondremos nerviosos y nerviosas si ésta falla y no podemos ver o escuchar lo que sea en cualquier momento.
Nos ahorraremos la angustia de tener que verlo todo por “estar al día”…
Disfrutaremos de más tiempo para hacer cosas que nos interesen… incluso podemos crear podcasts en vez de escucharlos.
No nos dictarán qué es lo que debe gustarnos o qué es lo siguiente que debemos escuchar, ver o consumir.
No tardaremos más tiempo en seleccionar lo que queremos ver (porque la oferta que hay nos agobia y, admitámoslo, realmente no nos interesa tanto) que en verlo.
Si usamos…
Procuramos que escuchar/mirar/consumir no se nos vaya a colar a todas horas y en todas partes. Seamos conscientes del rato que estamos enganchadas a la pantalla y pongámonos un tiempo máximo. Procuramos no conectarnos cuando no sepamos qué más hacer o se irá convirtiendo en una rutina y acabaremos haciéndolo de forma automática.
Estemos alerta de que no nos roben ratos con nuestros amigos y amigas, de nuestras otras aficiones, o de hacer cosas que no sean estar sentados y sentadas en una silla.
Dediquémosle un tiempo a elegir qué queremos ver. Hagámonos algunas listas, escogemos, reservemos cosas para otros momentos… Es la mejor manera de no acabar tragándonos cualquier cosa para sentir, después, que hemos perdido el tiempo.
Comentamos, debatimos y discutimos con personas cercanas los contenidos que vemos o escuchamos. No sólo podemos recoger buenas recomendaciones, conocer otros puntos de vista que nos enriquezcan, pensar las cosas de forma diferente… sino que trabajaremos en fortalecer nuestro sentido crítico. No es extraño caer en pozos de contenido que cada vez se “radicalizan” más, ¡estamos alerta!
Participamos y tomamos una postura activa.
Prestamos especial atención cuando…
Nos dedicamos más tiempo del que nos habíamos planteado constantemente y no acabamos de conseguir respetar los límites que nos proponemos a nosotros mismos y mismas.
Nos gastamos más dinero del que habíamos pensado, en suscripciones, donaciones, compras asociadas, etc.
Siempre nos ocurre que no somos capaces de parar. Ni cuándo tenemos que hacer otras cosas, ni cuándo debemos ir a dormir, ni cuándo vamos a entrenar, ni cuándo hemos quedado con gente.
Nos cuesta cada vez más centrar la atención en lo que estamos viendo o escuchando y recurrimos constantemente a otras aplicaciones o pantallas, para hacerlo todo a la vez y no aburrirnos.
No podamos dormirnos, estudiar, hacer un trabajo… sin tener ese “ruido” de fondo (alguna reproducción en funcionamiento). Quizás debemos empezar a buscar alternativas para conciliar el sueño, entrenar la atención, etc.
No podemos estar a solas, o realizar tareas sencillas, sin tener algún vídeo o podcast de fondo… ¿realmente queremos ver o escuchar esto, o estamos procurando no tener espacio mental para pensar o sentir soledad?

