Drogas y sexo

Sexo es una palabra que todo el mundo conoce. Pero seguramente nos costaría más de lo que imaginamos ponernos de acuerdo en decir lo que significa.

Sexo son muchas cosas, algunas muy evidentes y otras muy sutiles, algunas muy visibilizadas por la norma y otras mucho menos normativas, algunas que se practican a solas y otras con una o más personas. En el sexo tiene parte el cuerpo, la piel, pero también la mente y la imaginación. En el sexo no hay sólo deseo o satisfacción, o nervios y excitaciones, se mueven también los afectos y cuidados, emociones y sentimientos de todo tipo. Además, nuestra concepción del sexo puede ir cambiando a lo largo de la vida.

El sexo lo construimos nosotros cuando nos relacionamos con nuestra sexualidad, los afectos, los deseos y los placeres, hacia nosotros y cuando nos relacionamos con otras personas. Y siempre tiene que ver con un acuerdo placentero y libre entre las diferentes partes.

Podemos vivir el sexo con mucho interés y naturalidad o puede ser algo que nos es ajeno y no nos interesa, que incluso nos hace sentir presión, o podemos vivir cualquier postura intermedia.

Para alguien una mirada puede ser el inicio del camino o para otres un beso puede no tener nada que ver. El sexo puede tener que ver con el ligar (o no) y con el follar (a veces menos de lo que pensamos), pero sobre todo puede ir mucho más allá del ligoteo y del coito.

El sexo puede tener que ver con conocer personas nuevas y conectar diferente con personas que ya conoces, y especialmente con los momentos con colegas, momentos de relax y salir de fiesta. Por eso también hay quien relaciona a veces las drogas con el sexo.

En esta relación, ¡hay algunas cosas que quizás te interesa saber!

Quizá nos ayudan …

A desinhibirnos o tener menos vergüenzas.

A romper barreras que tenemos a la hora de relacionarnos con otros y:

  • Tener más ganas de charlar y hablar más.
  • Estar más a gusto con la cercanía física y acercarnos más.
  • Dejarnos sentir más y estar más abiertos a interaccionar y conectar con otros.
  • Soltarnos más en relación con las ganas (de hacer cosas, de nuestro deseo…).

A conectarse con algunas partes de nosotres que normalmente son menos accesibles.

A conectarnos con nuestro placer.

También puede ocurrir que al consumir queramos divertirnos y estar a gusto, incluso conectando con nosotras mismas y con otras personas, pero que no tenga absolutamente nada que ver con el deseo sexual. ¡Que todo lo que nos apetezca sean las risas, los bailes, las conversaciones peculiares, los buenos momentos y poco más!

Pero también nos pueden hacer una mala jugada …

Pueden funcionar exactamente al contrario de lo que nos apetecería. Podemos sentirnos abrumadas, que nuestras emociones colapsen, nos podemos quedar en nuestra cabeza, disperses, poco centrados para expresarnos o comunicarnos…

Además, como las sustancias a menudo nos distorsionan algunas percepciones y nos alteran la capacidad para reaccionar, podemos encontrarnos en situaciones complicadas:

  • Estar atando y perder alguna propuesta u oportunidad…
  • No pillar lo que ocurre a tu alrededor, o las señales que te envían.
  • Alguien pasa de ti por cómo vas. O porque te están sacando un lado más oscuro o complicado.
  • Caerle fatal a la persona que te gusta, porque no estás demasiado por la conversación o sólo hablas de ti o te haces pesado o dices paridas que no tienen gracia.

Comunicarnos mal, creernos que estamos ligando y que la otra persona no lo vea de la misma manera…

  • Malinterpretar interacciones sin intención.
  • Ver señales y pistas donde no están.
  • Quedarse con un recuerdo distinto a lo ocurrido.
  • No entender los no sutiles.
  • Correr el riesgo de hacerse pesado e imponer tu presencia o ser insistente.

Equivocarnos (de momento personal, de persona, de pactos…) de alguna manera y…

  • No estar en un buen momento para cuidar el momento y el otro.
  • Como la otra persona lo buscaba hacía tiempo y tú quizás no estás tanto, hieres sentimientos (los suyos o los tuyos).
  • No recuerdas demasiado ni su cara, ni qué habéis charlado, etc. y esto te hace sentir mal.
  • Como el otro tiene pareja o vínculo y es una relación monógama, te busquen para que des una explicación que probablemente no tienes.
  • Como tienes pareja o vínculo y eso no entraba en sus pactos, quizás pierdas la relación, hieres a la persona o te sientes fatal por haberle hecho daño.

Despistarnos e improvisar en cómo hacemos las cosas y…

  • No tener muy claro cómo ha ido (cómo ha sido el contacto entre fluidos, si ha habido penetración…) y olvidarte de algo muy importante: la protección o los métodos de barrera (sea preservativo externo o por pene, preservativo interno, guantes u otras barreras de látex, etc.).
  • Rallarse durante un buen rato para no saber si estamos en un lío:
    • «¿Me he contagiado de cualquier historia?»
    • «¿Estaré/estará embarazada/de?»

Algunas pistas

Menos es más

La mejor manera de gozar de las relaciones, de los afectos y del sexo (desde los primeros momentos y llegue éste donde llegue) es ser conscientes y no perderse ningún detalle. Y estar en la misma página con la persona con la que lo compartes.

Es cierto que muchas cosas ocurren cuando menos nos las esperábamos (no sabía que le gustaba a esa persona y hemos acabado haciéndonos caricias y besos, he conocido a alguien con quien he tenido una conexión brutal y me propone ir a su casa, me he encontrado a mi crush y me he animado a decirle lo que siento), pero eso no es excusa para que la liemos, para nosotros o para les otres.

Si tienes ganas o estás pensando tener relaciones, piénsate bien qué y cómo quieres consumir y cíñete al plan. Quizá no sea el día de probar cosas nuevas o de hacer experimentos. Hidrátate, espacia las dosis de lo que sea que tomes, detente cuando lo necesites y no mezcles. Improvisar puede salir bien algunas veces, pero en la gran mayoría las cosas no terminan como queremos (y si tenemos suerte, porque a veces pueden acabar fatal).

Lo mejor es conservar la conciencia y el control toda la noche para saber lo que quieres hacer y lo que no (en todos los momentos).

Si las circunstancias cambian, siempre estará bien cambiar de idea y dejarlo, si queremos, por otro día.

Puede cambiarnos el estado, las ganas, puede cambiar el contexto, puede cambiar el otro… Pueden cambiar tantas cosas que cambiar de opinión es natural. No tenemos la obligación de “acabar” nada ni nos debemos o debemos nada a nadie.

Por otro lado, si lo que quieres es salir de fiesta y desconectar, ¡puedes perfectamente decidir que no tendrás relaciones! Es más, no es necesario que todos los espacios de fiesta estén sexualizados ni es verdad que es lo que se busca saliendo ni todas estamos conectadas a nuestro deseo todo el rato.

Si decidimos que las drogas esten presentes…

Es fácil caer en el error de pensar que las drogas “facilitan” las interacciones y son un camino hacia tener relaciones afectivas o sexuales. Hay muchos mitos que nos lo hacen pensar: salir de fiesta significa estar disponible sexualmente, beber ayuda a ligar, todo el mundo tiene siempre ganas pero necesita una “ayudita”… u otras ideas que generan un escenario irreal. Como decíamos, al igual que las sustancias pueden “ayudarnos” en algunos aspectos, pueden entorpecernos en muchos otros.

Si decides consumir, ten en cuenta las recomendaciones que te damos para que la experiencia tenga los menores riesgos posibles.

¡Mejor si es una excepción y no la norma! Si acostumbras a tomar algo habitualmente para desinhibirte, para conectar con otros o para relajarte con respecto a los afectos o al sexo…

  • Difícilmente aprenderás a hacerlo sin ello.
  • Puede generarte aún más inseguridades cuando no hayas consumido.
  • Nos puede llevar a tener relaciones de menor calidad y no darnos cuenta.

Hay quien asocia el invitar a algo con un “movimiento” para ligar. Comprar un cubata, pasar unas caladas de un porro, regalar un cigarrillo, invitar a una raya… pueden ser actos desinteresados, pero también vistos como un acto generoso que nos hace quedar bien delante de otro, como iniciadores de un momento compartir o incluso como generadores de una deuda (yo te he invitado, por tanto, debes hacerme caso). No seas esa persona…

Si cuando tomas algo, te descontrolas fácilmente y acabas haciendo cosas de las que después te arrepientes:

  • No consumas tanto (por no perder el control) o, si no sabes dosificar, nada.
  • Escoge las variedades más suaves (de alcohol, de cannabis…).

¡Autogestionémonos el cuidado! No confíes en que la otra persona llevará la protección (preservativos, barreras de látex, etc.); si necesitas y sobra, ningún problema, pero si falta…

Si el ciego es demasiado grande…

  • Cuidar es muy chulo, pero a nadie le apetece pasarse una primera cita o una noche de fiesta cuidando a un ligue. Quizás no haya segunda cita.
  • Tener relaciones sexuales yendo ciegos o ciegas puede acabar muy mal, sobre todo si es una de las primeras veces (que te besas, que te estimulas los genitales, que duermes con alguien…).
  • Es más fácil arrepentirte y sentirte mal (o fatal) por haberlo hecho, con quien o como no querías, sin tener demasiado recuerdo…

¡Los afectos y el sexo deberían ser para disfrutarlos, no para pasarlo mal!

En estas situaciones también está bien contar con el grupo de amistades y cuidarnos colectivamente. Haber charlado con amigos, amigas y amigues qué planes tenemos, que nos gusta que pase, que haremos si se dan estas situaciones… Incluso sin haberlo charlado, muy a menudo nos conocemos y podemos intuir por dónde van algunas cosas, tenemos ideas sobre si algo está yendo bien o no tan bien… Está fantástico ir de fiesta para pasarlo bien, pero es mejor aún poder contar unas con otros y otras si algo va mal.

Cuando la norma nos expulsa

Ni la festa és igual per a tothom ni ho és el sexe; l’accés que hi tenim, les violències que hi podem rebre, les experiències negatives que hi acumulem, les expectatives que hi ha, els riscos que assumim… són diferents per a moltes persones i col·lectius.

Els espais públics i les zones de festa no estan lliures de masclisme, racisme, lgtibq+fòbia… I sovint són un espai especialment violent per a moltes persones d’aquests col·lectius minoritzats.

Aquí el que hem de fer és combatre la norma i les opressions i violències que provoca. Però de mentre, toca també cuidar-nos.

Si algú et convida a prendre alguna cosa, potser t’està tirant els trastos. Com dèiem hi ha gent que pensa que a

Ni la fiesta es igual para todos ni lo es el sexo; el acceso que tenemos, las violencias que podemos recibir, las experiencias negativas que acumulamos, las expectativas que existen, los riesgos que asumimos… son diferentes para muchas personas y colectivos.

Los espacios públicos y las zonas de fiesta no están libres de machismo, racismo, lgtibq+fobia… Y a menudo son un espacio especialmente violento para muchas personas de estos colectivos minorizados.

Aquí lo que debemos hacer es combatir la norma y las opresiones y violencias que provoca. Pero mientras tanto, toca también cuidarnos.

Si alguien te invita a tomar algo, puede que te esté tirando los trastos. Como decíamos hay gente que piensa que aceptar la invitación a veces implica entrar en el juego de ligar a toda costa y lidiar con ellos se puede hacer complicado:

  • Si ésta es la que te acabaría de tumbar, quizás vale más la pena no tomarla.
  • Siempre puedes comentar que sabes hablar sin que te inviten (si es eso lo que quieres).
  • Puedes pedirle –antes de aceptarla– si se confundirá (como si tuviera derecho a «algo») en caso de que te dejes invitar.
  • Si no te has dado cuenta antes de que te inviten, no hay problema en que lo dejes claro también después.

En general, en los afectos y el sexo y por temas que tienen que ver con el machismo, las chicas y las identidades disidentes o no normativas tienen más penalización social y más riesgos. Si lo eres:

  • Es más fácil que te arrepientas si las cosas no van bien después de una noche de fiesta. Porque te sabe mal, porque estás más expuesta a la opinión de otros, porque no es lo que hacen las buenas chicas, porque se te juzga…
  • Seguramente, por lo mismo, te preocupas más de tu intimidad.
  • Quizás te sea más importante conocer a la otra persona (porque te es importante construir afectos, porque necesitas sentirte segura…) antes de decidir qué sí o qué no.
  • Tienes algunos riesgos específicos en la sexualidad, especialmente si eres heterosexual (con las infecciones y un embarazo).
  • Estás más expuesta a gente que no respeta un “no”, en muchos sentidos.

Si eres chico piensas que socialmente toca insistir, aprovechar cualquier oportunidad o demostrar algo, sin pensar en la otra persona. ¡No es el caso!

Si no te van estas historias, también puedes sentirte extraño en estas situaciones. No participes. Está bien hacer saber tu postura y notar tu incomodidad o inconformidad. También es importante hacerte cargo de tus colegas cuando no están respetando los límites de les demás.

Por otra parte, si eres gay, lesbiana, bi, no binario o trans, la historia se te puede hacer más complicada, ya que algunas cosas cuestan más (¡por desgracia el mundo todavía es así!) cuando no eres heterosexual:

  • Te puede parecer una necesidad de desinhibirte más. ¡Y no debería serlo!
  • Tienes más riesgos y estás más expuesto o expuesta a gente que no respeta, incluso que discrimina o violenta.

Por lo mismo, quizás te preocupes más de tu intimidad y de que se conozca o no tu identidad, orientación o preferencia sexual.

Cada droga, su rollo

Como sabemos cada droga es diferente y tiene su forma de funcionar, sus efectos, sus riesgos… Esto también ocurre en cuanto a su relación con los afectos y el sexo, así que te damos algunas pinceladas breves.

Los porros

Si vas fumada o fumado, las experiencias y sensaciones cuando te enrollas con alguien pueden ser algo diferentes:

  • Estás más sensible.
  • Te lo tomas con más calma.
  • Sientes más conexión con la otra persona.

Pero si vas demasiado ciego o ciega:

  • Quizás estás tan lento/a que te quedas sobado/a.
  • El cerebro desconecta y no estás por historias.

Además, si fumas habitualmente es posible que:

  • Estés más apalancado o apalancada para conectar con alguien o al sexo, que te dé más pereza, que notes menos libido…
  • Te cueste más conectar con personas que no están como tú.

El alcohol

Probablemente sea la droga más relacionada con conocer a otra gente y tener (o intentar tener) relaciones sexuales.

¿Por qué? Porque es de las que mueve más mitos asociados con la fiesta y el sexo.

  • Se toma en bares musicales, fiestas o discotecas, donde el ambiente ya “ayuda” a ligar.
  • Es legal.
  • La publicidad nos come la olla y relaciona el consumo con el “éxito sexual” e incluso nos incita al sexo etílico. Es una de sus grandes estrategias para vender.
  • A veces, bajo sus efectos, nos soltamos, charlamos más de la cuenta y tenemos menos manías para decir lo que pensamos.
  • Proporciona mucha falsa sensación de control.

El alcohol en dosis bajas o con el puntito puede ser un divertido acompañante. Pero en caso de consumir más, su margen de seguridad es muy bajo y la bajada puede ser fuerte y poco agradable.

En realidad puede facilitar el deseo, la conexión a través de divertirse, liarse a besos, los primeros movimientos, etc., pero no ayuda demasiado en las relaciones sexuales, particularmente aquellas que tienen que ver con los genitales o las penetraciones:

  • Dificulta la lubricación y la penetración puede dañar.
  • La penetración (de los distintos tipos) puede hacer daño.
  • Dificulta la erección del pene.
  • Dificulta llegar al orgasmo o lo hace menos intenso.

Por otra parte, es la droga más relacionada con agresiones sexuales en contextos de fiesta, así que hay que tomársela en serio.

Tener que recurrir al alcohol para poder tener relaciones, o hacerlo por no tener que hacerse responsable de lo que se hace, es una señal de alerta.

Las drogas que aceleran

De las drogas estimulantes se dice que pueden provocar euforia y sensación de bienestar y añadir intensidad a las relaciones (especialmente las físicas). Que pueden aumentar la capacidad de atención y concentración, o quitar el cansancio.

Pero, por otra parte, las drogas estimulantes a menudo suben la chulería y las vaciladas (especialmente en los chicos, por temas de género). También pueden hacer que una persona sienta hipersegura o se crea el rey o reina del mambo. Y quizás hacen:

  • Charlar más de la cuenta, a veces con un tono prepotente que sobra.
  • No darse cuenta de que se es la misma persona que siempre, y así nos ve el resto de la gente.
  • Insistir mucho a una persona con la que quiere ligarse y ser un plomo. Incluso llegar a una agresión (¡y eso no tiene disculpa!).

Como hemos explicado antes, no esperamos nada si invitamos (que invitar significa regalar, no intercambiar o hacer un contrato). Y tengamos presente si nos invitan a que quizás esperan algo.

Uno de los posibles accidentes asociados a su consumo son los golpes de calor, también las taquicardias y los posibles ataques de angustia. Estas drogas además tienen un bajón importante, que puede venir con sensaciones de tristeza, de angustia… o con necesidad de repetir la experiencia para eliminar estas emociones.

Si se consume habitualmente, y se relaciona con el sexo siempre, puede acabar pasando que sólo nos vemos capaces y capaces de mantener relaciones sexuales bajo los efectos de ese consumo, tengamos unas expectativas que no son realistas sobre cómo deben ser las relaciones y nos desajustamos, nos sentimos muy ansiosos/as o inseguros/as siempre que se acerque el momento…

Las drogas que dejan por los suelos

Con las drogas depresoras es posible que se busque relajación, o algo de estimulación al inicio, un cambio en las percepciones, conexión y empatía… o tal vez otros efectos como la disociación (lo que nos debería de poner en alerta, en relación con el sexo).

Si una sustancia te deja por el suelo, tirado/a, no puedes reaccionar y dejas de controlar qué pasa o deja de pasar. Y esto te hace más vulnerable a otras personas que quieren aprovecharse de esta situación.

En caso de que busques estos efectos, asegúrate que estás en un lugar donde conoces bien a la gente y te sientes segura (que a menudo es gente cercana quien nos pone en ciertas situaciones), y que tienes amigos o amigas que podrán controlar un poco la situación.

Es importante que no mezcles drogas depresoras, ya que la bajada puede ser mucho más fuerte y tener muchos más riesgos, como depresión respiratoria o sobredosis.

Las drogas que tienen cierta fama

Existen algunas drogas que se asocian especialmente al sexo por algunas características muy específicas que poseen. No tienen por qué provocar lo mismo en todas las personas, ni funcionar igual en todas las ocasiones.

Los poppers, que pueden provocar euforia, excitación y cierto aumento de la potencia sexual, además de relajar la musculatura del cuerpo y, por tanto, los esfínteres. O el GHB, que es un depresor, puede favorecer la estimulación sexual y la relajación del esfínter anal.

Estas sustancias también tienen riesgos muy específicos. Si se decide consumirlos, la recomendación será siempre usos en poca cantidad, muy esporádicos y no mezclarlos con otras sustancias.