Se trata de prácticas donde lo relevante es la probabilidad de predecir o, mejor dicho, adivinar los resultados de una actividad; sea el propio juego al que se está jugando o uno en el que juegan otros. Se arriesga y apuesta dinero a un resultado que está en gran parte determinado por el azar. Existen desde hace muchos años, pero últimamente han adquirido una dimensión y una presencia nuevas en nuestro entorno.

Hay casas y webs de apuestas en las que podemos jugarnos dinero a resultados de partidos o partidas, a su desarrollo, a quién hará qué o a cuándo pasará cualquier cosa en concreto… Hay casas de juego donde podemos gastarnos dinero escogiendo números, secuencias, series en diferentes juegos… o pasar un rato gastándonos dinero en tragaperras, ruletas o bingos. Son salas a las que ir con las amistades o webs para hacerlo desde casa o desde el móvil u ordenador. Y podemos apostar en grupo, sólo unas pocas o a solas. Todos los formatos de gastar dinero que nos imaginamos, ¡son posibles!

Como tienen la palabra «juego» y nos recuerdan a lo que hacemos en la fiesta mayor o en casa con la familia en la sobremesa de las comidas donde nos reunimos, parecería que se basan en la diversión y el entretenimiento, o incluso en las habilidades. Pero se trata de una serie de actividades donde el dinero es la clave y el atractivo principal: perder y perder una y otra vez para acabar ganando un poco de vuelta quizás, alguna vez. Mientras que «la casa», el negocio, siempre gana.

Tienen su punto…

Jugar a juegos de azar o apostar puede ser divertido. Hay muchas emociones que se mezclan y nos pueden hacer pasar un buen rato: tener nervios, arriesgarnos, estar pendientes y a la expectativa, reír y gritar, decepcionarnos o incluso alegrarnos, por nosotros o por otras personas… algo así como una montaña rusa de sensaciones en la barriga o en el pecho, según explica alguna gente, ¿verdad?

Cuando se hace en grupo, o cuando acompañamos a alguien con quien nos lo pasamos bien, puede hacernos sentir más unidos y unidas con estas personas, haciendo piña y disfrutando de la compañía en un ambiente… excitante. Puede ser una actividad de ocio como otra, para pasar un rato una tarde o noche con pocos planes.

Además, hay para absolutamente todos los gustos. Los juegos más “clásicos” como el bingo o las máquinas tragaperras, o los más “glamurosos” como la ruleta, el póquer, el bacará o el blackjack. También las apuestas a eventos deportivos, desde el baloncesto al cricket o los dardos, a las ligas de aquí o a ligas que nunca has oído. Puedes apostar con tiempo, pero también en el calor del momento, en cualquier momento. Y también en las competiciones de e-sports, de todo el mundo.

En algunas situaciones (sobre todo al principio y para vincularnos al juego), pueden llegar a permitirnos hacer algún dinero extra.

Qué hay detrás…

 En muchos casos están apoyando a negocios que ya son multimillonarios, como el fútbol o los e-sports. Explotan sentimientos de pertenencia, a un club, a un equipo… y aflora la idea de que son actividades que ya conocemos y dominamos y, por tanto, podemos hacer “dinero fácil” con nuestras pasiones. Además, utilizan un lenguaje propio que sólo los y las iniciadas conocen y así podemos imaginarnos que formamos parte de un reducido grupo de expertos en el tema.

Muchas casas de apuestas y de juego se promocionan como empresas que se dedican al ocio y entretenimiento, pero detrás hay grandes conglomerados empresariales que están haciendo millones y millones:

  • Una parte muy importante de estas “casas” pertenecen a fondos de inversión, y también a fondos buitres. Como imaginas, no se dedican al negocio porque el ocio y el entretenimiento sea su pasión, sino puramente para hacer el máximo dinero en el menor tiempo posible, y sin demasiados criterios…
  • La expresión “la casa siempre gana” es totalmente cierta; no se trata de que las ganancias de éstas dependen de que quien juega pierda, sino que en todas y cada una de las apuestas la “casa” se queda una parte (house edge). Por tanto, cuantas más veces apuestes y más cantidad, más y más dinero hará.
  • Crean artificialmente una sensación de burbuja (iluminación, sonidos, tipos de ambiente…) para atrapar a la gente el máximo tiempo posible. Se crean espacios en los que todo lo que se necesita está a la vista y poco a poco aíslan a las personas, para que sólo importe el juego. También en la web o desde el móvil.
  • A menudo hay bebida y comida muy económica (¡a veces incluso gratis!)… si no están haciendo beneficio con esto, ¿para qué les está sirviendo?
  • Se sitúan especialmente en barrios empobrecidos o cerca de poblaciones más vulnerabilizadas. ¿Se trata de «repartir la suerte» entre quien más lo necesita, o de aprovecharse de quien menos opciones tiene?

La publicidad que se hace, cómo se presentan en los medios, en las redes, etc. te hará creer que hay una cantidad importante de juegos o apuestas que se basan en ir adquiriendo y dominando ciertas habilidades, hasta convencerte de que existen más probabilidades de ganar de las que realmente hay. O de que podrás, si “inviertes” lo suficiente, acabar venciendo al sistema y a la “casa”.

Hay supuestos expertos en deportes o directamente en apuestas (que pueden hacerse llamar tipsters o no) que prometen grandes ganancias si se siguen sus recomendaciones (por las que suelen pedir dinero, claro). Los encontramos en webs, canales de Telegram o servidores de Discord. Muchos de ellos también cobran de las casas de apuestas por traer nuevas jugadoras o por ofrecer recomendaciones específicas.

Cuando se anuncian con mensajes del estilo “seguro y legal”, “sin esperas”, “sin cargos escondidos”, “gran variedad de juegos gratis”… es que necesitan hacernos creer que tienen prácticas más éticas de las que tiene el sector… ¿Les creeremos?

Si no jugamos…

Nos ahorraremos, 100% seguro, tiempo y dinero.

No deberemos estar pendientes de pantallas y resultados que interrumpan nuestro día a día, entrando y saliendo para hacer una partidita, mirando una y otra vez…

No necesitaremos este «extra de emoción» para poder disfrutar de los partidos o partidas o campeonatos, y de los propios encuentros con amistades y gente cercana.

No deberemos “vender” lo que nos gusta a grandes empresas y fondos de prácticas dudosas.

No deberemos gestionar la ansiedad y los nervios que nos provoca jugar, cuando pensábamos que jugando nos distraeríamos de la ansiedad y los nervios. Evitaremos entrar en espirales difíciles de romper.

Si jugamos…

 Si decides jugar o apostar, que sea porque realmente lo has decidido tú. No porque hay colegas (primos, parejas, influencers…) que lo hacen, te llevan o quieren que pongas dinero, o porque parece que es “una experiencia que debe tenerse”.

Procura hacerlo con gente y como una actividad de ocio a disfrutar en buena compañía, donde el juego sea sólo algo más y no el centro. Evita hacerlo solo, sin que lo sepa nadie o incluso escondiéndolo al resto.

Ten cuidado con los juegos simulados (que se camuflan como inofensivos y pretenden que “aprendamos” a jugar para creer que podremos ganar más fácilmente) y con los bonos que nos dan “dinero” gratis para apostar o para gastar en partidas…

Establece un dinero máximo a destinar, independientemente de si se “pierde” o se “gana”. Si me gasto lo que he “ganado”, ¿qué he ganado finalmente?

Cuando termines un juego o una apuesta, deja pasar un buen rato antes de pensar en la próxima. Haz otras cosas, charla con otra gente, cambia de ambiente.

Si un día te pasas, no vuelvas pronto. Márcate un tiempo para no apostar o jugar y cúmplelo. Te lo agradecerán el bolsillo y los nervios.

Cuidado con los entornos online; pueden atraparte mucho más, ya que tienen un poder de inmersión muy alto.

Vigila con que “mezclas”:

  • Juegos de azar/apuestas y tabaco: los nervios, la angustia o el no saber qué hacer mientras salen los “resultados” pueden llevar a fumar más y más y aumentar el consumo de tabaco, y esto se queda también cuando ya no se está apostando.
  • Juegos de azar/ apuestas y alcohol: sabemos que con el alcohol primero nos viene una (¿falsa?) sensación de euforia y control que deja paso a una progresiva (¡ya veces no tan progresiva!) bajada, donde cada vez controlamos menos… ninguno de estos estados va acompañado de la cabeza clara o de una mejora de las «habilidades». Si las “casas” quieren que bebas alcohol, ¿será por algo?
  • Juegos de azar/ apuestas y porros: Esta idea de que los porros pueden dejar más lúcido o lúcida, sabemos que no es muy fina, ¿verdad? Los porros son porros porque colocan. Y además podemos consumir más con el ansia.
  • Juegos de azar/ apuestas y estimulantes (y las bebidas energéticas lo son): lo que puede parecer una buena idea al principio (los estimulantes pueden hacer que focalices la atención y te sientas más centrado o centrada) va siempre acompañado de un buen bajón, donde el cansancio y la dificultad de centrarse aparecerán de nuevo. Y así es como enganchan, porque entonces, ¿qué querremos hacer? ¿Consumir otra vez para superar el bajón?

Vigila con las apuestas en caliente, son las que pueden generar más problemas. Cuanto más metido o metida estás en una situación, más difícil es pensar claro.

Prestamos especial atención cuando…

Te dedicas más rato del que te habías planteado. Que te vuele la tarde o se te haga casi de día mientras juegas puede pasar alguna vez como excepción, pero si te ocurre cada vez ¡algo está fallando!

Gastas más dinero del que te habías marcado, o ya ni siquiera marcas un límite de dinero porque sabes que te lo saltarás. Dejar que sea “la casa” la que elija cuánto pierdes no hará ningún bien.

Jugar en todas partes ya todas horas (o mientras debería estar haciendo otras cosas, como prestar atención en clase o trabajar) es señal de que se nos escapa de las manos.

Piensas que cuanto más conoces el juego, más puedes predecir el resultado y, por tanto, ganar. El azar no se puede predecir, por eso es azar.

Consideras que hay juegos y apuestas que tienen que ver con la habilidad: éstos están creados para que sobreestimemos la incidencia que se tiene para favorecer las ganancias. Nos generan una falsa creencia de que podemos controlar el juego.

Si empiezas a pensar que: la suerte es algo que va a influir en los resultados (si me pongo una camiseta, si alguien me da suerte…), las máquinas tienen características casi de personas (nos tienen manía, están “frías” o “calientes”, etc.), el azar se autocorrige (llevo muchos días perdiendo, pronto me tocará ganar), etc.

Ganar ya no es motivo de estar contento o contenta o una fuente de diversión, sino un alivio porque permite poder seguir jugando o nos sacará de los problemas en los que nos hemos metido para seguir jugando. Porque realmente lo que queremos son más motivos y excusas para seguir jugando, sin importar los resultados.