Abres el móvil y vas directo a alguna red social  donde puedes pasar horas haciendo scroll. Uno de los primeros vídeos que ves, bastante viral, tiene una estética muy bien cuidada. Parece estar grabado aprovechando la golden hour, todos los colores son de un tono muy suave, a juego con la voz, también extremadamente suave y amable, casi un ASMR. Lo que ves en el vídeo también es bastante agradable, una chica con una gran sonrisa cocinando, limpiando y explicando lo que hace, paso a paso, vestida con un vestido de flores y con el maquillaje y el peinado PER-FEC-TO. Pero a ti hay algo que no te cuadra.

Este tipo de contenidos, que se han ido haciendo cada vez más presente en las redes, provocan reacciones muy diversas. Desde cierta admiración e interés a rechazo. Tras esta idílica estampa, que nos recuerda una película de Hollywood de los años 50, quizá se escondan más cosas de lo que vemos a primera vista.

EL FENÓMENO VIRAL

Se trata de un fenómeno que no es nuevo. Quizás hace poco que se ha viralizado en nuestro entorno, pero en Estados Unidos de América hace años que este fenómeno está presente en las redes, y en nuestro contexto ha tomado diferentes formas, muy a menudo en discursos basados ​​en la “nostalgia”, la naturalización de los roles de género y en la libertad de las mujeres de poder elegir, incluso si esto significa elegir roles tradicionales.

El nombre que se ha popularizado para identificar y definir estos perfiles es el de tradwives, que no es más que la conjunción de trad (tradicional) y wife (esposa). A pesar de su nombre, no siempre se trata de mujeres casadas, pero sí suelen ser mujeres que están en una relación. Aunque parezcan perfiles no relacionados, las tradwives son un movimiento que defiende (y romantiza) los roles tradicionales de género, donde las mujeres se ocupan de las tareas del hogar como limpiar, cocinar y hacerse cargo de todo lo que tiene que ver con cuidar a los niños. Algunos perfiles de quienes van más allá proponen, de forma explícita, vivir sometidas a sus maridos, que les brindan protección y abastecimiento.

Este tipo de contenido, que puede parecer anecdótico, se complementa con otras ideas presentes en las redes relacionadas con cómo ser madres “perfectas” o trabajar tener un cuerpo “perfecto”…

Horas y horas de scroll down

Hores i hores d’scroll down mirant continguts

¿QUÉ HAY DETRÁS?

Así pues, de la aparición y proliferación de perfiles aparentemente vinculados con la promoción de un estilo de vida más, como tantos otros que pueden encontrarse en las redes sociales, parece que haya algo más que interés por la cocina, el orden y la limpieza o consejos de autoimagen.

El movimiento tradwife es reconocido en todo el mundo como un movimiento que dibuja como libertad el depender de un hombre y vivir para él, sosteniendo todo aquello que permita que se dedique al trabajo productivo fuera de casa.

Aunque a primera vista no lo parezca, y quizás en algunos perfiles puede no ser intencional, este discurso tiene mucho que ver con los discursos de odio. A menudo comparten una misma cosmovisión del mundo, y reproducen ideas y mensajes machistas, racistas, clasistas y LGTBIQfóbicos. Se pueden reproducir ideas como que quien no tiene una vida perfecta es porque no quiere (como si la pobreza o el racismo no existiera) o que las decisiones personales nada tienen que ver con los contextos donde se toman.

En algunos casos, incluso, se utiliza lo que se conoce como dog whistles, que son palabras concretas o lenguaje codificado o sugerente que sólo entienden algunas personas y que se relaciona con un contenido político específico, con el fin de obtener el apoyo de un grupo en concreto sin provocar oposición. Es decir, no son explícitos, pero tienen mucha intencionalidad.

De este tipo de perfiles, podríamos decir que son la contraparte femenina a los influencers de la machosfera o manosfera.

En un mundo profundamente injusto, estos discursos buscan soluciones individuales a problemas colectivos. Visten de libertad individual problemáticas que tienen que ver con desigualdades estructurales, dejando fuera de juego así cualquier posicionamiento crítico con el sistema.

CONSECUENCIAS

Todo esto, lo que parecía un trend cualquiera y una forma de compartir opciones y preferencias personales en las redes, puede tener muchas implicaciones. No sólo en la esfera ideológica, como comentábamos, sino también en el ecosistema digital en el que nos movemos y en nuestro bienestar digital.

A nivel de impacto personal o grupal, este tipo de contenido puede afectarnos tanto si nos crea curiosidad o nos hipnotiza, como si nos genera rechazo.

Por un lado, la falsa perfección que vemos en las redes puede tener impacto sobre nuestras vidas, aumentando aún más la presión estética que sufrimos las chicas y las mujeres (pensado sólo en satisfacer la mirada de los hombres heterosexuales), creándonos sentimiento de culpa por no “llegar” a los estándares y alimentando el sentimiento de frustración que a menudo nos causa la exposición en las redes sociales.

Y en el caso de los hombres heterosexuales también puede tener un impacto negativo. Puede crear unas expectativas irreales sobre como tiene que ser una relación y en que se tiene que basar. Incluso puede llegar a generar insatisfacción o un sentimiento de presión por no poder o querer llegar al cumplimiento de estos roles tan estandarizados. Muchas personas lo que esperan i quieren de su pareja (si es que quieren tenerla) es tener una igual, una compañera, alguien con quien compartir, y no alguien a su servicio o con una relación de desigualdad e inferioridad. Bastante alejado de lo que dibujan como ideal estos perfiles.

Por otro lado, este contenido aumenta el clickrage (cuando clicamos no porque el contenido nos interese positivamente sino porque indigna), y el hecho de compartir y viralizar contenido porque nos genera emociones negativas. Cuanto más moviliza las emociones negativas, más interaccionamos, más tiempo pasamos y más contribuimos a su alcance. Y esto puede tener también un impacto en nuestro bienestar (o malestar) emocional. Además, también da más dinero tanto a las plataformas como a estos perfiles: cuanto más engagement tengan, más les promocionarán las redes.

Y sí, otra vez hay que recordar que, a un nivel más macro, la creciente presencia de perfiles de este tipo normaliza un discurso nada emancipador, avalando así propuestas retrógradas y fascistas y abonando el terreno para que pueda haber retrocesos en derechos adquiridos, en este caso, particularmente para las mujeres e identidades disidentes, pero realmente, adobando el terreno para retroceder en derechos Civiles y humanos de todos los colectivos vulnerabilizados.

Y sigues haciendo scroll, pero ahora cuando te detienes en un contenido de este tipo, lo miras con otros ojos y algo más consciente de lo que te provoca. Decides no comentarlo ni compartirlo porque ya sabes lo que hay detrás y decides no darle atención.