Las redes sociales se han convertido para muchas personas en el recibidor de internet. Es la puerta a través de la cual se accede a un montón de información, contenidos, propuestas… de personas, entidades, empresas, proyectos y de todo lo que podamos imaginar. Pero, a su vez, es el distribuidor que nos llevará a acceder a unos contenidos específicos y no a otros. Y que a menudo nos conduce a cámaras de eco.
¡Vayamos por partes!
Repasando los básicos: algoritmos en los entornos digitales
Como ya sabemos, las redes sociales y, en general, las plataformas digitales (como Youtube o Netflix) utilizan algoritmos para ofrecer a los y las usuarias contenidos que las mantenga interesadas en su plataforma, que maximice el tiempo que se pasará, proporcionando publicaciones “relevantes” para cada uno… Sea de tus amistades o de personas cercanas, de intereses que tienes o que se supone que tienes, muchas publicaciones que te hacen caer en pozos de horas de carrete infinito. Ordenan cómo se nos presenta el contenido, qué se nos sugiere, cuáles y cuántos anuncios, en qué momento del día, etc.
Esto es similar a cómo los sitios web o algunas apps recopilan cookies para mostrar a los y las usuarias anuncios relevantes “para ellos” y conocer sus hábitos en los entornos digitales para poder sacarle provecho.
Para muchas personas esta función es claramente una ventaja. Con tanta gente que se sigue y tan contenido que está disponible, renovándose constantemente, te hace el trabajo de elegir dentro de un universo infinito de vídeos, podcasts, series, etc. Te los ordena y te los propone y, si no te apetece, no tienes que hacer más que el primer clic.
En cada ventaja, su inconveniente
Que el algoritmo elija por nosotros no es el inconveniente. O no es el único inconveniente. Es cierto que cuando las plataformas son las que eligen por nosotros lo que vemos, perdemos la práctica de buscar, de interesarnos, de indagar un poco entre cosas nuevas. Y cuando perdemos la práctica, cada vez nos da más pereza y más nos conformamos.
Yendo algo más allá, el inconveniente del que queremos hablar es sobre el tipo de contenido que nos muestra; y es que, aunque no nos lo parezca, éste es cada vez menos diverso.
Si el objetivo es que pasemos el máximo tiempo posible, lo que harán las redes sociales es ofrecernos contenido seguro: más y más contenido que se parezca de alguna manera a lo que ya consumimos, que sea similar, más de lo mismo. Y, especialmente, de ese contenido con el que interaccionamos. Sea porque nos gusta o sea porque nos genera rechazo (como el contenido que es clickrage, que lo miramos porque nos enoja o indigna). Esto acabará creando una burbuja, o un «eco» de las mismas ideas y opiniones.

Si me necesitas, estaré en mi cámara de eco
Implicaciones de las cámaras de eco
En resumen, los algoritmos crean cámaras de eco mostrando a los usuarios contenido similar a aquel con el que ya interactúan y ocultando todo el resto del contenido que consideran «irrelevante» para esa persona.
El resultado termina siendo un sesgo de confirmación de lo que ya se pensaba. Es decir, todo lo que vemos (ya sea porque estamos a favor de ello, o porque se nos muestra lo contrario) confirma puntos de vista previos y refuerza ideas que ya teníamos, independientemente de que sean ciertas o no o estén basadas en hechos o no. Además, las cámaras de eco muestran que “todos” los que son relevantes creen lo mismo que ellos, lo que crea una falsa sensación de consenso. De esta forma, la gente queda atrapada en una especie de “burbuja”, sobre todo en lo que se refiere a ideas, información, etc.
Esto puede tener varias implicaciones individuales, pero también colectivas. Las cámaras de eco no sólo empobrecen la información a la que se accede, sino que desincentivan una visión verdaderamente crítica del mundo y del entorno de cada uno (crítica; es decir, que nos hace plantearnos preguntas e interesarnos por conocer las causas y las conexiones de las cosas);lLas cámaras de eco confrontan y polarizan las visiones del mundo.
También pueden afectar la salud mental de las personas; sobreexponernos a determinados contenidos y sesgar nuestra percepción de la realidad puede llevarnos a situaciones de aislamiento e incomprensión, o incluso a sentimientos de resentimiento u odio hacia personas o grupos.
¿Puedes salir?
¡Tenemos muchas alternativas a nuestra disposición!
Podemos pedir a las plataformas tecnológicas que mejoren sus algoritmos, porque si no están específicamente entrenados para hacerlo, no pueden evaluar la información que sugieren. Actualmente, un algoritmo no tomará la decisión de mostrar a los usuarios puntos de vista equilibrados o basados en hechos (principalmente porque eso no genera dinero). ¡Pero se puede crear mejor tecnología!
Por nuestra parte, podemos buscar información de forma más activa, no sólo consumir lo que se nos sugiere, podemos buscar fuentes muy distintas, buscar puntos de vista opuestos para debatir… en definitiva, entrenar un poco nuestro sentido crítico. Podemos ponerle consciencia sobre como funciona nuestro algoritmo. Y también podemos pasar tiempo desconectándonos de las plataformas digitales. Podemos sacudirnos la pereza de vez en cuando y buscar cosas muy diferentes a lo que consumimos, para intentar sorprendernos. Podemos preguntar a personas que no forman parte de nuestro círculo…
¡Seguro que tienes muchas más ideas para compartir!

Las cámaras de eco son reproducciones constantes de un mismo discurso o idea, aunque se puedan representar de maneras diferentes

