Cuando hablamos de autodefensa digital feminista nos referimos a un conjunto de prácticas y estrategias que nos permiten proteger nuestra privacidad y seguridad en entornos digitales, pero también proteger y aumentar nuestro bienestar digital en general. Estas estrategias son fundamentales para las personas y colectivos que están expuestas a violencias digitales, chicas, personas no binarias, personas lgtbiq+, personas racializadas… Las violencias pueden ser muy variadas y van desde el acoso online, el sexpreading, a los ataques más o menos organizados a los perfiles o a la vigilancia no consentida.

El bienestar digital es bienestar

Si decidimos tener perfiles en las redes sociales, estar en plataformas de stream, comprar por internet, etc. nuestra vida tiene una dimensión digital. Esta vida online es una extensión de la vida en general y, por tanto, las violencias machistas que podemos recibir fuera de las pantallas están presentes también dentro.

Pero, además, todo lo que vivimos en los entornos digitales nos impacta directamente en nuestro bienestar, en nuestra salud emocional, en las relaciones y en los espacios fuera de las pantallas, etc. Lo que pasa las pantallas, no se queda dentro de las pantallas, me lo llevo conmigo allá donde estoy.

Así, para cuidar de nosotras, de forma integral, es necesario practicar una autodefensa digital que, además, tenga en cuenta nuestro bienestar físico y nuestro bienestar emocional, que tiene que ver, también, con nuestras relaciones (dentro y fuera de las pantallas) y la forma de estar en el mundo.

El feminismo propone la autodefensa digital como una forma de empoderamiento y resistencia también frente a las estructuras de poder cisheteropatriarcales, que también se reproducen en el espacio digital. Ofrece desde herramientas de seguridad digital (como el cifrado de mensajes, navegación anónima o gestores de contraseñas), la formación en derechos digitales o la creación de redes de soporte para responder colectivamente a las violencias digitales.

¿Pero las plataformas digitales son espacios violentos?

Existen multiplicidad de plataformas digitales y las prácticas que encontramos son infinitas. Hay quien cree que la violencia no tiene que ver con las plataformas, sino con qué hacen los y las usuarias (lo que es, en parte, cierto). En algunas, como los videojuegos, incluso hay comunidades que tienen fama de ser más o menos violentas y que hacen bandera de este tema.

Pero la realidad es que hay un gran número de chicas que tienen dos perfiles de Instagram, uno más público y otro más privado, para gestionar y evitar recibir mensajes no deseados o seguidores que no quieren. Muchas chicas juegan a videojuegos sabiendo que se expondrán a comentarios de mierda, y que quizás es mejor que no anuncien que son chicas de entrada (incluso por no recibir atención que no quieren, o “favores”, y después recibir propuestas para ligar). O que la mayoría de fotografías sexuales que se rulan sin consentimiento, por canales o servidores, son de chicas.

Pero no se trata sólo de prácticas individuales, o incluso sistémicas, de un grupo de personas. Las distintas plataformas, a través de interfaces, algoritmos, condiciones de uso y políticas de privacidad, están diseñadas expresamente para fomentar unas prácticas específicas. Éstas buscan la viralidad, el máximo engagement, formar burbujas o cámaras de eco, reforzar sesgos de pensamiento, fomentar el máximo consumo posible y la dependencia de la propia plataforma. Mientras las violencias, la polarización o la discriminación aporte visitas, comparticiones o “corazones”, aportarán dinero a estas plataformas, aumentando su negocio.

Esta situación añade dificultades para aplicar estrategias de prevención y gestión y denuncia de estas violencias digitales.

 

Il·lustració d'unes eines sobre unes pantalles amb quadres de comandament de programació

 

Las violencias machistas digitales

Como decíamos, las violencias machistas digitales son una prolongación de las violencias que se producen fuera, pero debemos tener en cuenta que, en muchos casos, los medios digitales pueden intensificarlas.

La facilidad de ejecutar estas agresiones con sólo unos clics, sumada a la dificultad de identificar a los agresores ya la falta de mecanismos de protección efectivos por parte de las instituciones y las plataformas, ha hecho que estas prácticas no sólo se expandan sino que se normalicen en el entorno digital.

Estas violencias adoptan diversas formas, como insultos y difamaciones por ser mujer, amenazas, chantaje (incluida la sextorsión) o difusión de imágenes íntimas sin consentimiento (o sexpreading). También incluyen la usurpación de identidades, el control y la vigilancia, el gaslighting, el acoso a la víctima y a su entorno, y los ataques a espacios de expresión de mujeres y de identidades disidentes.

Estas agresiones no sólo vulneran la privacidad y seguridad de quien las padece, sino que también buscan silenciarlas y limitar su presencia en el espacio público digital y servir de ejemplo para otros.

¿Como hacerle frente?

Para hacer frente a las violencias machistas digitales, podemos poner en práctica diversas estrategias y herramientas, tanto individuales como colectivas, que pueden ayudarnos a prevenir, mitigar y responder a estas agresiones.

Las expertas de FemBloc i DonesTech nos hacen varias recomendaciones:

  1. Autocuidado y cuidado del entorno:
    Es esencial cuidar de nosotras mismas, de nuestro entorno y de los dispositivos digitales que utilizamos. Esto incluye acciones como descansar de las redes, mantener un orden digital y contar con el apoyo de la red afectiva para, entre otras cosas, afrontar las situaciones o recuperarse emocionalmente.
  2. Valorar los riesgos y proteger la privacidad:
    Es importante conocer los usos y contextos de nuestras interacciones digitales, gestionar la privacidad de las cuentas y dispositivos y cambiar periódicamente las contraseñas. Desactivar la geolocalización, cifrar mensajes y utilizar herramientas de navegación anónima también ayuda a protegerse de rastreos y robos de información.
  3. Priorizar herramientas seguras y libres:
    Utilizar correos no corporativos, plataformas de mensajería segura y software libre reduce la vulnerabilidad frente a estas violencias. También se recomienda utilizar servidores autónomos y herramientas de autenticación y cifrado.
  4. Documentar les violencias:
    Registrar las agresiones es fundamental para denunciarlas o visibilizarlas. Se pueden realizar capturas de pantalla, descargar audios y vídeos, guardar enlaces o recopilar información sobre los agresores.
  5. Respuesta colectiva y acción pública:
    Visibilizar y compartir el malestar o acompañar a otras personas que viven situaciones similares son estrategias colectivas. Por otra parte, éstas pueden incluir desde campañas públicas de denuncia a bloqueos masivos de agresores. Estas acciones requieren organización y soporte en red, pero tienen un potencial transformador muy grande.

    .

Algunos recursos

¡Os recomendamos algunos recursos para encontrar herramientas!

El Kit d’autodefensa digital feminista ràpida, es un inicio fantástico que va a las situaciones más comunes. .

Portada del Kit autodefensa digital feminista ràpida

O este otro kit, Contra les violències masclistes on-line, un poco más extenso. De las expertas de Donestech.

Portada del Kit contra les violències masclistes on-line

 

En estas webs encontrareis muchísimos recursos, también para diferentes niveles de conocimientos técnicos:  [1], [2] i [3]

El propio proyecto de FemBloc, que tiene una línea feminista telemática de atención a las violencias machistas digitales, es imprescindible.

Portada web del projecte FemBloc

 

Resumiendo, tal y como dicen ellas mismas en el Kit rápido, «la autodefensa digital feminista es una forma de resistencia y de empoderamiento. Al tomar medidas para proteger nuestra privacidad y seguridad online, también desafiamos las normas patriarcales y reclamamos nuestro derecho a existir sin miedo al mundo digital».