Si tenéis algún o alguna colega que apuesta a eventos deportivos, o es un tema que os ha llamado la atención en algún momento, puede que hayáis oído hablar de los tipsters. Y, tal vez, habéis oído hablar de formas muy diferentes; como canales fantásticos para empezar a apostar o como estafadores que cobran comisiones de las casas de apuestas, como una persona más a la que seguir o como servicios profesionales, como apps especializadas o como canales de Youtube del montón (se puede encontrar hasta contenido que recomienda o habla de tipsters, sin siquera dar tips). Con toda esta información, casi contradictoria, es difícil saber qué son realmente los tipsters. Y especialmente, qué riesgos suman a las apuestas deportivas.
La figura del tipster es muy heterogénea dentro de la comunidad apostadora. Por norma general, se trata de una persona o grupo de personas que se definen como especialistas en apuestas (quizás en un deporte o evento específico, pero también en un tipo de apuestas en concreto -mercados, cuotas, etc.-) y que aconsejan a quien les sigue para que también apueste (primero de forma gratuita, pero finalmente siempre por una “moderada” cuota). Lo hacen presuntamente en base a su propia experiencia, al estudio de estadísticas y probabilidades o incluso supuesta información privilegiada. En resumen, los tips son pronósticos o consejos, así que se trata de “pronosticadores” que ofrecen “resultados” para ganar dinero apostando.
La gran mayoría se relaciona con su «público» a través de canales de Telegram, pero no es el único formato. Sin embargo, estos canales les resultan muy interesantes por la gestión de canal que pueden realizar, por la privacidad que ofrecen y porque permiten borrar y editar mensajes con mucha facilidad (por ejemplo, cambiar una imagen que “prometía” unos resultados de ganancia una vez que la apuesta se ha perdido).

Como decíamos al principio, entre la propia gente que apuesta se encuentran opiniones muy contradictorias respecto a esta figura. Hay quien explica que realmente existen profesionales que se ganan la vida con las apuestas y que comparten este conocimiento con el resto: la realidad es que esta gente quizás son el 1% de la comunidad tipster y que, si comparten sus estrategias y apuestas, éstas son en mercados muy específicos y minoritarios y por tarifas muy elevadas. Quizás estamos explicando una obviedad, pero debemos tener en cuenta que las apuestas no se basan en un principio de colaboración, sino que es una práctica donde todo el mundo “compite” por los mismos recursos contra todo el mundo y las ganancias de una dependen de las pérdidas de otro.
Por norma general, los tipsters que encontramos por las redes, e incluso en webs y apps especializadas, son personas que, si consiguen hacer dinero, lo hacen a través de dos estrategias. Los primeros tienen un perfil más público y reciben dinero por su actividad como tipster free, pero por parte de anunciantes específicos, promotores y casas operadoras de apuestas, que les pagan para que la gente se dé de alta en sus servicios, haga gasto, aumente las apuestas (en número, en cantidad, en frecuencia…), etc.; muchas publicaciones “especializadas” tienen listas y recomendaciones, y hay casas de apuestas que ni siquiera se esconden y tienen sus propios tipsters premium. Los segundos suelen tener un perfil más privado (funcionan más a través de grupos y mensajes personales) y procuran quedarse con el dinero (o parte del dinero) de las personas que confían en él, y que se lo dan a ellos o ellas para que les hagan las apuestas, es decir, para estafarlas directamente.

En ocasiones, es difícil distinguir estas prácticas ya que se disfrazan de apostadores de éxito profesionales (aquella quimera que hemos dicho que prácticamente no existe); utilizan conceptos muy específicos propios del “mundillo”, dan explicaciones complicadas y opacas, preparan a la audiencia generando expectativa y secretismo, simulan oportunidades únicas fruto de informaciones de última hora que deben cogerse al vuelo… todo de cortinas de humo que dan la sensación de que tienen conocimientos privilegiados y saben de lo que hablan. Incluso pueden presentar estadísticas propias sobre rendimientos y ganancias, para acreditar su trabajo; registros manipulados que sólo muestran las veces que se acierta o gana y eliminan las que se pierde o que, directamente, mienten sobre la actividad.
Pero también hay otro tipo de tipsters que está menos “profesionalizado” y que es muy común: los aficionados y aficionadas que, viendo que de la figura se puede extraer un rendimiento económico, se suman al carro y comienzan sus propios canales. Hay quien lo hará con mejor voluntad y van compartiendo sus experiencias mostrándose tal y como son (aprendiendo, experimentando), pero por norma general se hacen pasar por canales más experimentados y subsisten especialmente a través de copiar constantemente contenidos y prácticas de otros tipsters y reproducirlos.
Sea el tipo que sea, se trata de una figura muy presente en la práctica de las apuestas deportivas, y en todos los casos, no se basa en dar beneficios a los u otros, sino en extraer un beneficio propio y explotar la práctica del resto. No hay tipster altruista, no hay tipster mágico, no hay tipster que se preocupe por tu bienestar.
La mejor recomendación siempre será no seguir a tipsters.

