Está claro, o debería estar claro, que el no consumo o el consumo de sustancias es una decisión individual. Por lo tanto, cada persona debe poder tomar la decisión de consumir o no de manera libre, consciente e informada. Al mismo tiempo debemos ser conscientes que aunque sea una decisión individual, nos afecta (¡y mucho!) lo que hace la gente de nuestro alrededor, especialmente aquellas personas con las que pasamos más horas: familia y amistades.

En ocasiones, nos encontramos con personas que en contextos en los que se consumen sustancias (alcohol, porros u otras drogas) especialmente en espacios de fiesta, pero también en otros momentos, invita al resto a hacer lo mismo. Puede que lo haga para compartir el placer, la diversión que puede estar experimentando, o por cualquier otro motivo.

En ese momento, cada uno tiene la posibilidad de aceptar la oferta, o de decir que no. Y al igual que hay gente a la que no le cuesta decir que no, y gente a la que le cuesta encontrar la manera de rechazar el ofrecimiento (y que ya hablamos hace un tiempo en este artículo); hay gente que acepta con mucha facilidad una respuesta negativa, y hay quien se resiste.

Decir que no en algunas situaciones puede resultar difícil. Pero aceptar un no por respuesta nunca debería serlo.

Resistencia a un no como respuesta

Exacto, hay gente que cuando pregunta “¿Quieres un poco?”, y alguien le contesta que «No» no sabe aceptarlo. Y a menudo lo que hacen es seguir insistiendo con preguntas o frases como: “¿Seguro?”, “¡Por una vez que lo hagas no pasa nada!”, “¡Eh! ¡Que yo te invito eh!”, “¿Por qué no? Si el otro día dijiste que sí”…

Toda esta ristra de preguntas y frases como respuesta por haber recibido un rechazo a su oferta a menudo las dicen con sorpresa, insistencia e incluso indignación. Y es que hay quien no sabe aceptar a un no como respuesta. Y, por tanto, intentará de todas las maneras que pueda imaginar provocar un cambio en la respuesta, provocando que este “no” se convierta en un “sí”, en un “entendido va, una vez y basta” o un “sí, ¡pero calla ya!”.

¿Y si me pasa a mí?

Pues si te ves reconocido o reconocida como una persona que no sabe aceptar un no como respuesta, seguramente te preguntarás qué puedes hacer para cambiarlo.

El primer paso ya lo tienes hecho, reconocerlo y querer cambiarlo. ¿Los siguientes pasos? Pues tendrás que reflexionar en qué momentos te ocurre: ¿sólo cuando ofreces sustancias a la gente de tu alrededor, o te ocurre en otras situaciones también? ¿Te ocurre siempre, o sólo cuando has consumido? ¿Hay días que sí y días que no? Si es así, ¿hay elementos en común que puedan explicar por qué te cuesta aceptar un no por respuesta?

¿Y si le pasa a alguien que conozco?

También puede que no te reconozcas a ti, pero sí reconozcas a alguien de tu entorno: una colega del grupo, tu pareja o un conocido.

En este caso, quizás también puedes hacer algo, si te apetece. Si es una persona muy cercana seguramente es una buena idea encontrar un momento de calma, lejos de los efectos del consumo de cualquier sustancia, para hablar sobre la incomodidad que nos puede provocar la insistencia ante un no y hacer evidente (como ya hemos comentado al principio del artículo) que el consumo de sustancias debe ser una decisión individual.

Personas que comparten un porro

Decir que no en algunas situaciones puede ser dificil. Pero aceptar un no como respuesta nunca deberia serlo.

¡Y no sólo hablamos de sustancias!

Evidentemente, ¡no sólo hablamos de no saber aceptar un no como respuesta cuando hablamos de sustancias! En cualquier caso, en cualquier situación y en cualquier momento un no es un no, de hecho vayamos más allá, sólo sí, es sí.

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