A veces cuando sales de fiesta, o cuando te juntas con algunos o algunas colegas o conocidas, hay quien se acerca y te ofrece alguna sustancia. Quizás solo te ofrece porque sabe que consumes, alguna vez o de vez en cuando o habitualmente, y simplemente lo quiere compartir contigo; quizás quiere que lo pruebes porque es algo nuevo; quizás piensa que es una buena manera de ligar (spoiler: no lo es); quizás tiene algún interés en que lo consumas porque te quiere vender…
Hay a quien no le cuesta nada poder decir «¡No, no quiero, gracias!». Y hay a quien le cuesta un poco más y se busca estrategias para decir que no: «¡No, paso de eso que no sé qué es!», «No, que luego me preguntan cosas en casa porque se me nota y paso», «No, porque hoy no es un buen día para hacerlo», «Necesito un lugar con más calma para hacerlo», o incluso quien dice «Mañana tengo un partido/un entrenamiento/un evento importante y paso de tener resaca o bajón»…

Pero también hay a quien le cuesta encontrar estas estrategias para decir que no, o quien acaba cediendo porque, aunque las tiene, alguien no para de insistir una y otra vez. En estos casos, quizás es una buena idea buscar otras estrategias para no consumir sin tener que decir que no, ni enfrentarnos con quien nos ofrece la sustancia.
Por ejemplo, si siempre es la misma persona la que nos insiste podemos intentar evitarla, o hablar con el grupo y tener una conversación entre todas. O en el momento que los demás empiecen a consumir, y por lo tanto se acerca el momento en que nos ofrezcan, si queremos estar con nuestros colegas lo que quede de día, tarde o noche, podemos ir a dar una vuelta y cambiar de aires, evitando así la situación y volver al rato. Y si esto no funciona, siempre podemos cambiar de ambiente cuando preveamos que esto pueda pasar, de grupo de amigos o de espacio donde socializar.


