El fenómeno de las drogas es complejo, es decir, es necesario tener muchas cosas en cuenta. Existen diversas aproximaciones al mundo del consumo de sustancias: algunas complementarias, y otras excluyentes.
Hay quien aboga por “la guerra contra las drogas”* a pesar de los resultados negativos de estas políticas en números de personas fallecidas y desaparecidas, otras como LaClara y ElPep, que nos acercamos desde la prevención. Hay quien defiende la prohibición total y también quien plantea acercarse al consumo de sustancias desde la perspectiva de reducción de daños.
El día 7 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Reducción de daños, motivo por el cual hacemos este artículo.
*Por guerra contra las drogas se entienden todas aquellas políticas públicas que, en principio, buscan que el mercado de las drogas (especialmente las que no tienen estatus de “legal”) desaparezca por medio de acabar con la oferta. Es decir, intervenciones represivas, en algunos casos militares, para acabar con los circuitos de producción, transporte y venta de sustancias.
Reducción de daños: ¿Qué?
El Harm Reduction International define la reducción de daños como aquellas “políticas, programas y prácticas orientadas a minimizar los impactos negativos del consumo de drogas tanto en el ámbito de la salud, social y legal”.
Es decir, parte de la idea de que el consumo de substancias existe. Hay gente que consume sustancias, sean legales o ilegales. Por tanto, la prohibición lo único que provoca es una mayor estigmatización para aquellas que consumen y/o situaciones de mayor riesgo para conseguir las sustancias y/o consumirlas. De modo que, la reducción de daños es una perspectiva que pretende proteger la salud y mantener con vida a las personas que consumen drogas y, al mismo tiempo, acabar con las políticas que actúan de forma contraria.

La naloxona, es un fármaco que se usa para revertir sobredosis de opiáceos
Reducción de daños: ¿Cómo?
Si otra vez vamos a ver qué dice el Harm Reduction International «la reducción de daños se basa en principios de justicia y derechos humanos. Se centra en realizar cambios positivos y en trabajar directamente con las personas sin juzgarlas, coaccionarlas, discriminarlas ni exigir que dejen de consumir drogas como condición previa para recibir apoyo.»
Por tanto, por reducción de daños se entienden todas aquellas actuaciones orientadas a minimizar perjuicios para la salud derivados del consumo de sustancias. Por ejemplo, un riesgo importante al que deben hacer frente las personas que consumen sustancias por vía parenteral (con una inyección) es la transmisión de infecciones si se comparten o reutilizan agujas. Así pues, los programas de intercambio de jeringuillas para proveer de material nuevo estéril, reduce muchos daños derivados de esta vía de consumo. Otro ejemplo podría ser la facilitación de fármacos para prevenir casos de sobredosis por consumo de sustancias.
Incluso yendo más allá, las compañeras de Metzineres nos explican en este post qué se entiende por reducción de daños de espectro completo. Si recuperamos la información del Triángulo de Zinberg (1, 2 y 3) sabremos que no sólo es importante atender a la sustancia o persona cuando hablamos de consumo. También es muy importante tener en cuenta el contexto. Por tanto, los programas e intervenciones destinados a garantizar derechos sociales básicos, también se pueden contemplar como intervenciones de reducción de daños.
Así, la reducción de daños de espectro completo tiene en cuenta otros factores que pueden ser igual de problemáticos que el consumo de sustancias, pero que tienen que ver con el contexto como la vivienda, el trabajo, los vínculos personales o el ocio. Y el consumo de sustancias, al fin y al cabo, a menudo se hace en la búsqueda de un placer y, por tanto, puede que éste no sea problemático, esta perspectiva lo facilita, teniendo en cuenta también la opción de la abstinencia.

Garantizar las condiciones de vida dignas para todo el mundo también és una medida de reducción de daños y riesgos
Reducción de daños: ¿Para quién?
A menudo, cuando se piensa en reducción de daños la gente piensa en programas como los que hemos descrito en el anterior punto (intercambio de jeringuillas, salas de consumo supervisado, servicios sociales y de vivienda, asesoramiento legal, etc.). Este tipo de programas a menudo se relacionan con el consumo de algunas sustancias determinadas como la heroína y otros opiáceos o la cocaína.
Pero, a menudo, no pensamos en reducción de daños en el consumo de alcohol o el de nicotina, las sustancias más consumidas tanto en el estado español. Si bien es cierto que los daños a corto plazo pueden ser distintos, y los riesgos asociados a su consumo también puede ser oportuno (y necesario) pensar en intervenciones destinadas a reducir daños para aquellas personas que consumen estas sustancias.
Además, la perspectiva de la reducción de daños, que se hace fuerte en la defensa de los derechos humanos, es también una aproximación garantista para intervenciones que tengan una perspectiva interseccional y, por tanto, tengan en cuenta el género, la clase o el origen de las personas.
En definitiva, disponer de la información necesaria como lo que procuramos hacer desde LaClara, cómo tener las estrategias, espacios, profesionales, fármacos como procuran otras compañeras, es la mejor forma de hacer frente a los riesgos que tienen que ver con el consumo de sustancias.

