Al hablar de la relación que tenemos con las pantallas y los entornos digitales, tendemos a fijarnos mucho en los riesgos. La tendencia es aún más acentuada cuando estamos hablando de personas o grupos especialmente vulnerabilizados. Por ejemplo, desde LaClara lo hemos hecho cuando hemos hablado de sexpreading, violencias machistas digitales o las compras en línea. Pero con este artículo, queremos hacer un cambio de perspectiva explícita y hablar de esas cosas positivas que puede aportar el uso de pantallas o la experiencia en entornos digitales, especialmente para las personas lesbianas, gays, trans, bisexuales y todas las demás identidades disidentes de la heteronorma.
¡Os proponemos algunas ideas! No es una lista exhaustiva ni la experiencia es igual para todos, pero son algunos puntos de partida para empezar a estirar el hilo de experiencias positivas. Experiencias que pueden tener un impacto en nuestra salud emocional, mental y, hasta, ¡física!
Experimentación
En los videojuegos, en las redes, en canales de stream… podemos experimentar de muchas maneras. Una de ellas es con cómo nos mostramos, cómo nos vestimos, qué nombre tenemos, cómo construimos un personaje y su imagen, cómo nos referimos a la gente y cómo se refieren a nosotros, con quien nos relacionamos…
Experimentar en los entornos digitales puede permitirnos explorarnos, probar nuevas maneras, conocernos un poco más o hacer que nos conozcan un poco mejor, hacer ensayo y error… un mundo de posibilidades.
Amistades, vínculos y redes
¿Qué pasa cuando vivimos en un pueblo de 2.000 habitantes?, ¿O cuando somos más bien rurales y desplazarnos a un espacio de encuentro no es tan fácil? ¿Qué pasa cuando queremos ligar, o conocer gente nueva o tener un grupo de amistades con quin poder profunditzar en estos temes?
Conectar, gozar, acompañarse… a veces es más accesible con las pantallas.

Refugio
Como sabemos, es difícil hacer una diferencia entre el mundo virtual y el mundo no virtual o físico (lo que otros dicen entre el mundo “real” y el mundo “no real”) Lo que ocurre en las pantallas también es real, ¿no? Si nos insultan, nos amenazan, nos ridiculizan o nos falten el respeto bien que nos puede afectar. Por lo tanto, también es real.
A veces el mundo no virtual puede ser muy hostil, e incluso inseguro. A veces, el entorno laboral, del centro en el que estudiamos o la familia no son el espacio de seguridad que nos gustaría, donde poder hablar abiertamente, preguntar cosas que nos preocupan o mostrarnos tal y como somos.
Para algunas personas o en algún momento de la vida, las pantallas pueden ser el espacio seguro en el que relacionarnos, mostrarnos y en definitiva, ser quienes somos sin miedo.
Anonimato
A menudo el anonimato puede ser una amenaza, porque permite que mucha gente sin identificar y de forma oculta se atreva, por ejemplo, a faltar más el respeto a otros y, por tanto, a menudo convierte los espacios virtuales en espacios especialmente hostiles.
Pero a su vez, el anonimato también puede ser liberador. Con un perfil con el que no se nos pueda identificar podemos conectar con otras personas, más ligeramente, de forma más casual o quizás sin miedo (por ejemplo, que se expongan cosas de nosotros que no queremos), podemos encontrarnos y organizarnos sin tener que utilizar “nuestro” nombre (o el nombre que nos asigna)…

Referentes
Gracias a las pantallas podemos encontrar nuevas referentes. Personas o colectivos con las que aprendemos, con las que tenemos cosas en común, con las que nos identificamos o que nos desafían a pensar y nos acompañan. Parece trivial, però la falta de referentes puede comportar dificultades para poner nombre a la coses, para probar o huir identidades o para encontrar herramientar y repensar coses que nos impactan. Gracias al trabajo de otras personas, podemos reflejarnos, aprender y descubrir y, por tanto, liberarnos, autorreafirmarnos, defendernos, entendernos o, sencillamente, ir haciendo nuestro camino.
Espacios de apoyo y organización
Gracias a la conectividad, las pantallas nos permiten conectar con decenas, cientos, miles de personas de todo el mundo. No tenemos la necesidad de encontrarnos cara a cara, en un mismo espacio y en un mismo momento para organizarnos. Podemos encontrarnos, debatir, formarnos, coordinar reivindicacions, visibilizar desigualdades y denunciar discriminaciones…
O simplemente, podemos hablar sin los filtros que quizás utilicemos en otros momentos, sabiendo que seremos escuchados, que recibiremos consejos de personas que quizás han vivido situaciones similares a las nuestras, que compartiremos dudas similares o que tendremos objetivos comunes.
El bienestar, el disfrute y la seguridad también dependen de poder ser, sin miedo y con red. Así pues, aunque las pantallas pueden desconectarnos del mundo en la peor de sus expresiones, también pueden sostenernos y acompañarnos; pueden ser un escaparate o pueden ser el refugio.


