Yo solo consumo cuando salgo es probablemente una de las frases más repetidas entre mucha gente que consume nicotina. A menudo, al principio, es cierta. Una calada en una fiesta. Un váper compartido entre amistades. Un piti en un momento de celebración. Todo parece formar parte de un momento concreto, de una circunstancia puntual, de una situación social compartida.
Así pues, al principio, cuando esta frase es cierta el consumo de nicotina no parece una necesidad, parece solamente un complemento para completar una experiencia, un extra. El problema es que el paso entre “consumo socialmente” a “consumo porque lo necesito” casi nunca es evidente. Y este paso, llega. Pero no hay un día exacto en que alguien se despierta pensante: “hoy me he vuelto dependiente de la nicotina”.
El cambio es mucho más sutil, y cuando te das cuenta, quizás ya no fumas o vapeas porque te apetezca, sino porque tu cuerpo y tu cabeza han aprendido a necesitarlo.
Cuando la nicotina entra a la rutina
La nicotina genera una dependencia física fuerte, sí. Pero esto es solo una parte de la explicación. Lo que la hace especialmente difícil de dejar es la manera como se integra dentro de la vida cotidiana. El cerebro a menudo asocia conductas con emociones, espacios y momentos. Y así es como muchas personas acaban relacionando la nicotina con “rutinas”: las pausas de clase o del trabajo, salir de fiesta, el estrés antes de un examen, el aburrimiento, las conversaciones largas. Las «vapeadas” se convierten en pequeños premios (he acabado el trabajo, he hecho aquella tarea…) o los cigarros en maneras de calcular el tiempo (haré la pausa cuando salga a fumar, tardo lo que tarda un pitillo…).
Poco a poco, el consumo deja de ser una decisión y se convierte en una respuesta automática. Hay momentos en que ni siquiera piensas: simplemente sacas el váper del bolsillo o enciendes un cigarrillo casi sin darte cuenta. Es aquí donde muchas personas empiezan a notar una contradicción extraña: creen que controlan el consumo, pero a la vez hay situaciones en las que no se plantean no consumir, parece imposible.

“Yo controlo”
La mayor parte de las veces la dependencia no empieza con una sensación de pérdida de control, sino más bien al contrario: con una sensación de control. Con frases como: solo hago caladas de los otros, solo fumo los fines de semana, si quisiera podría dejarlo… Por lo tanto, esta dependencia no aparece de golpe, sino lentamente.
Quizás por eso cuesta tanto detectar el momento en que el consumo deja de ser ocasional y pasa a ser habitual. Es una suma de pequeños cambios acumulados: empezar a llevar siempre el váper o el tabaco encima, salir expresamente a la calle comprar, notar incomodidad cuando pasan horas sin consumir o pensar constantemente aunque no se sea muy consciente.
La dependencia también se nota cuando no consumes
Muchas veces la dependencia no se ve tanto en la cantidad de nicotina que consumes, como en el malestar que aparece cuando no puedes consumir. Por lo tanto, a veces no es tan importante cuánto se consume, como que pasa cuando no puedes fumar o vapear.
La nicotina es especialmente efectiva creando esta sensación de necesidad constante que se asemeja a sentir nervios. No es una grandísima incomodidad, pero sí pequeñas incomodidades repetidas, cada cierto rato, que empujan a volver a consumir. Porque nadie quiere pasarlo mal, estar nervioso/a o sentir ansia, si se puede evitar. Y así es como el consumo se mantiene y, a menudo, va aumentando.

Quizás no hay que preguntarse si “eres “adicto”
La palabra “adicción” a menudo pesa demasiado y se asocia a un estigma muy grande. Mucha gente la relaciona con situaciones extremas o con imágenes muy alejadas de su realidad. Y esto hace que sea difícil identificar las conductas propias como tales.
Quizás hay preguntas más útiles: ¿Cuánto espacio ocupa la nicotina en tu día? ¿Cuántas situaciones ya no imaginas sin consumir? ¿Cuando decides tú y cuando decide el hábito? ¿Realmente consumes cuando quieres o consumes cuando el cuerpo te lo pide?
Porque el cambio importante casi nunca pasa de repente. Pasa despacio. Calada a calada.

