Los rascas son un tipo de lotería muy popular. Quizá tienes un grupo de colegas que de vez en cuando compran, alguno o alguna familiar que tiene el ritual de coger algunos un día concreto de la semana, o quizás vosotros mismos o mismas habéis tenido curiosidad alguna vez y habéis “rascado” alguno.
Como se trata de tarjetitas de colores (en el formato físico y también en el online), algunas muy baratas, que son fáciles de comprar y muy rápidas de jugar (unos pocos segundos), parecen ser inofensivas y que no son un juego de azar. Pero sí que lo son, y justamente uno que tiene muchos riesgos.
¿Qué son?
Un rasca es lo que se conoce como una lotería instantánea. Es decir, funciona como una lotería, pero no.
Las loterías son juegos en los que se otorgan premios si los números o signos de un billete, bono o equivalente electrónico que se ha adquirido coinciden, total o parcialmente, con los resultados de un sorteo o un evento similar. Esto significa que existe un sorteo en una fecha concreta, que puede ser en días, semanas o meses, y todo el mundo espera el resultado.
Pero en los rascas esto es inmediato. Es decir, los posibles premios están ya asignados a los billetes cuando se compran. En otras palabras: se compra, se rasca… y al momento ya se sabe si se ha ganado o no. Pero no hay nada que pueda hacer la persona para influir en el resultado.
Cada rasca tiene unas instrucciones relativamente sencillas. Por ejemplo, deben descubrirse símbolos iguales, encontrar una cantidad concreta de símbolos, encontrar cifras preestablecidas, etc. Si se cumple la combinación o combinaciones que indica el billete, se gana el premio que aparece.
Además, hay rascas desde importes muy bajos y son más baratos que otras loterías: desde 0,25 € hasta 10 €. Cuanto mayor es el precio del rasca, normalmente mayor puede ser el premio y, en algunos casos, pueden aumentar las probabilidades de encontrar alguno.
¿Por qué puede ser una práctica de riesgo?
Todos los juegos de azar están diseñados para que la persona crea que tiene mayor control o capacidad de influir en el resultado del que realmente tiene. En los rascas, esta estrategia varía según el tipo de juego, pero por lo general proponen rascar números o símbolos de maneras determinadas (según un orden concreto o en relación con unos números concretos) y puede fomentar la sensación de que «hay estrategia». Pero no puede haber: el premio ya está asignado y está o no está. Es puro azar.
Estos billetes de lotería instantánea además tienen diseños muy pensados y llamativos. Combinaciones de colores muy vivos, símbolos y motivos bien diseñados y divertidos, mensajes como “Gana hasta 1.000.000€” o “Premio directo”. Es muy probable que, caminando por la calle, nos hayamos fijado en alguno de los tenderetes que hay y que, si los hemos visto online, nos hayan llamado mucho la atención. Es decir, tienen una estrategia comercial muy agresiva.

Venta de rascas con anuncios de grandes premios en un quiosco de la calle
Los rascas están totalmente diseñados para que te involucres en el juego y tengas una experiencia muy específica: fácil, rápida y estimulante, pero no suficiente, para que tengas ganas de repetir. El hecho de que sea instantáneo fomenta la inmediata gratificación, con el resultado en segundos. Que no se tenga que invertir mucho dinero o esfuerzo ni mucho tiempo en activar el sistema de recompensa del cerebro puede generar ganas de volver a probarlo rápidamente con mucha facilidad; es decir, facilitan la repetición. Es más, hay personas que, cuando ganan algún importe al rasca, se lo vuelven a gastar en rascas en el mismo momento.
Esto contribuye además a que no se tenga en cuenta el dinero gastado como una pérdida y que además no se haga ningún tipo de seguimiento. Es decir, perder 1 € o 2 € no parece grave. La cuestión es que, si se hace a menudo, la suma puede ser importante a fin de mes. Y hay que tener en cuenta que la repetición puede llevar no solo a comprar más billetes, sino que estos billetes cada vez sean de más dinero.

Catálogo digital de la ONCE de rascas con diferentes importes y premios de hasta un millón de euros
¿Se pueden reducir riesgos?
Como sabéis, la mejor manera de no tener problemas con el juego es no jugar. Pero si conoces a alguien que está jugando a rascas, aquí tienes algunas ideas sencillas:
- Que sea una práctica excepcional y no se convierta en una rutina. Más vale que sea puntual y no un hábito fijo. Pero si se convierte en un “ritual” (un día específico al mes, con un grupo de amigas en concreto…) ¡que se quede aquí!
- Márcate un límite de dinero (y respétalo). Decide antes de jugar cuánto quieres gastar o qué gasto te puedes permitir sin que afecte a otros gastos (que deberían ir siempre primero).
- Evita la repetición. Sea por el motivo que sea, no vuelvas a gastar lo que has ganado ni tampoco intentes “recuperar” lo que has perdido.
- Que no sea un espacio de evasión. No juegues por aburrimiento o porque tienes un mal día, puesto que es más fácil que se convierta en un recurso recurrente en estas situaciones.
Los rascas tienen riesgos también porque parecen inofensivos. ¡Que no nos despisten!

