Las compras online se han generalizado mucho en los últimos años. ¿Quién no ha realizado alguna?

Vinculada a la idea de mayor comodidad (lo hago a la hora que quiera y desde donde quiera) existe una tendencia al cambio de hábitos de consumo. Un ejemplo lo vemos en la compra de ropa, desde grandes marcas conocidas a empresas que sólo venden a través de internet. Pero ¿cómo sabemos si lo que estamos comprando nos quedará bien? o ¿si el tacto del tejido es el que queremos? Pues en general, las empresas lo han puesto muy fácil para que lo compremos y si es necesario lo devolvamos.

La idea que nos han vendido es la de: poder comprar, devolver y volver a comprar lo que deseamos. A través de las devoluciones “gratuitas” se ha generalizado la idea de que es de lo más fácil y barato devolver lo que no nos sirve, no nos gusta o simplemente (cuando lo recibimos) ya no queremos.

 

 

Probarnos y comparar en casa distintos modelos para terminar de decidir; comprar 3 o 4 tallas de la misma prenda sabiendo que se devolverán todas las que no nos van bien y no deberemos pagar gastos de envío; o aprovechar una oferta a pesar de que no estamos 100% seguras de que sea realmente lo que queremos. Y así hasta devolver el 30% de la ropa que se compra por internet.

Grandes empresas han promocionado las devoluciones gratuitas, lo que contribuye a que las compras sean más impulsivas. Recientemente, muchas de estas mismas empresas han expuesto que ya no les sale tan a cuenta, ya que si deben asumir todos los gastos de envío y retorno les queda poco margen de beneficio. Y parece que esto ha causado cierta indignación entre personas consumidoras. Es indignante que promuevan una práctica como ésta y luego quieran que la gente pague… pero ¿no deberíamos indignarnos también por el impacto medioambiental de las compras online?

 

caixes cartró brossa

 

Cuando un paquete se devuelve se incrementa (casi se duplica) el impacto medioambiental que tienen las compras online. El empaque o el transporte son sólo una parte, pero debemos saber que en algunos casos se da incluso la destrucción del producto por parte de la empresa, imposibilitando que vuelva a venderse.

Así pues, antes de comprar bajo la angustia de aprovechar una última oferta o la idea de que es más cómodo probarnos la ropa en casa, detengámonos un momento y reflexionamos quién sale ganando. ¿Nosotros? ¿El medio ambiente? ¿Las trabajadoras del sector? ¿O las grandes empresas del textil?