En los últimos años, los juegos de azar y las apuestas (especialmente las deportivas) han ido ganando un lugar cada vez más «destacado» en nuestra sociedad e incluso han cogido cierto protagonismo en algunos entornos, llegando a considerarse como un tipo de ocio «como cualquier otro»; una forma de pasar el tiempo, de buscar emociones, de hacer ese dinero, de ponerse a prueba… quizás gastando un poco, pero… «¿qué no cuesta dinero hoy en día?»
Esta buena imagen, de entretenimiento y diversión, que poco a poco van tomando los juegos y las apuestas, sobre todo entre la gente más joven (y realmente queremos decir cada vez más joven), es un hecho bastante nuevo y muy curioso sobre lo que quizás deberíamos detenernos a reflexionar un rato.
Las cosas que han cambiado recientemente en el mundo del juego y las apuestas (y no son tantas como parecería) no han sido para hacer de estas prácticas algo menos peligroso o incluso menos adictivo, sino para permitir que más personas puedan acceder a ellas (no es importante si te gustan los deportes tradicionales, los más populares o los menos, también puedes apostar a los e-sports o a casi cualquier cosa que imagines, en casi todas las formas que imagines) con menos restricciones (¡incluso desde la comodidad de tu casa y de tu móvil!) y para que puedan gastarse tanto dinero como quieras o puedan… o incluso dinero que ni quieran ni puedan.

Parece que los argumentos que usa la gente para rebajar la percepción del riesgo que hay en el juego, son argumentos muy habituales: es normal, todo el mundo lo hace, no es para tanto, hay otros consumos o formas de hacer más peligrosas todavía, y hay gente que realmente sí lo hace mal… Es decir: normalizar, relativizar y proyectar. Más que profundizar sobre el juego o dar unas vueltas desde una perspectiva crítica, parece que la cosa es no pensar demasiado.
Los riesgos y daños asociados a estas prácticas no se han reducido, las casas de apuestas, los tipsters o los casinos no han venido a mejorar la vida de las personas, los rascas o las tragaperras están lejos de ser un plan económico para el día a día. Pero podríamos decir que todas estas cosas cada vez están más presentes y más cerca (o más cerca de personas que queremos o importantes para nosotros).
En este blog, hablaremos un poco de algunas cosas curiosas sobre las que no deberíamos dejar de pensar, aunque algunas prácticas se hagan populares a golpe de anuncio o de promoción.
¡Así que en las próximas semanas iremos publicando algunas reflexiones que esperamos que os den ganas de deteneros a pensar en ello un poco! Porque que algo esté cada vez más presente no quiere decir que sea cada vez mejor… a veces es lo contrario.

