Algunas de las primeras sensaciones o emociones que nos vienen a la cabeza si pensamos en jugar con dinero o apostar es la diversión, el riesgo o la satisfacción. Pero muchas veces, si nos detenemos a darle un par de vueltas, no jugamos para pasarlo bien, sino que hacemos lo contrario, jugamos para no pasarlo mal. ¿Puede ser?

Fijémonos por ejemplo, en cuando entramos en alguno de nuestros juegos del móvil. ¿Puede ser que sea cuándo nos aburrimos, nos angustiamos o cuándo no queremos pensar en alguna otra cosa? ¿Puede ser que al final ya lo hagamos de forma casi automática y nos mantiene distraídos o distraídas, bloqueando que podamos dedicarle tiempo mental a las cosas en las que no nos apetece pensar?

En algunos juegos de apuestas, cuando se puede ir apostando o jugándose cantidades de dinero no muy grandes, pero una y otra vez (en una frecuencia elevada de apuestas, aunque sean pequeñas) es bastante fácil entrar en este estado en el que nos disociamos de aquello que ocupa nuestra mente y nos ponemos en modo automático. No pensar. O no pensar más allá del juego. O lo que es lo mismo, perder la perspectiva de todo lo que no esté relacionado con el juegos al que se está jugando.

 

cami nevat, decisions

 

Hay quien llama a este estado estar en «la zona». Estar en una zona dónde solo está el juego y el resto de cosas desaparecen. Como si buscáramos un refugio, como si encontráramos un lugar que, a veces sin darnos cuenta, nos está manteniendo lejos de los problemas, de las angustias o de aquellas cosas en las que no queremos pensar.

Y claro, parece que si las cantidades son pequeñas pero la distracción es grande… ¿Qué problema puede haber?

Cuando se juega con esta finalidad, aunque no sea buscada conscientemente -incluso cuando es automática, como cuando miramos alguna red social sin pensar mucho o hacemos alguna partidita a un mini-juegos- lo que nos acabará motivando no será el hecho de ganar, sino el propio hecho de estar apostando el máximo tiempo posible, una y otra vez, todo al rato que podamos para «alejarnos».

Y cuando esto ocurre sabemos realmente que el tema que nos angustia no desaparecerá (así que sólo retrasamos el momento de tener que gestionar lo que sea que nos preocupa) y que, además, podemos acabar teniendo problemas por no poder dejar de buscar esta “zona”, dejar de jugar, dejar de apostar. Y habíamos empezado para distraernos de laguna historia, y acabamos quizá con dos o incluso más, que se convierten en problemas.

 

camí al bosc, decisions

 

Encontrar cosas que nos ayudan a aligerar nuestras cargas y desconectar un tiempo para volver con más energías es muy positivo; pero cuando se trata del juego, expresiones como «me ayuda a desconectar» o «me olvido de las cosas, me distrae» son una señal de que esta práctica se nos puede ir de las manos ¡muy rápidamente!

 

Esta entrada continúa la serie empezada con este post y este post.