¿Qué tienen las apuestas y los juegos de azar que últimamente forman parte del ocio de colegas o gente conocida? ¿Qué aportan? ¿Por qué alguien decide pasar tanto rato en esto? ¿Para qué se acerca y se queda alguna gente?

Para ganar dinero sabemos que no es… O sea, sí hay quién dice que ha ganado dinero alguna vez, pero si rascamos veremos que por lo general se pierde más, que al contrario.

En las casas o salas de juego, en los casinos o cualquiera de sus variantes (las del mundo físico, pero también las online) se entra las primeras veces con amigos y amigas, con una buena dosis de curiosidad y con la promesa (quizás por la recomendación de algún colega mayor, un hermano o una prima…) que se puede pasar un buen rato, pasarlo bien.

O sea que, por norma general, es una actividad que hacemos en grupo para divertirnos y que, de no hacerla en grupo, quizás ni nos llamaría la atención. Incluso quizá se va para acompañar a alguien que sí apostará, aunque nosotros no lo hagamos. Pero solemos ir para pasar un rato con nuestra gente, para no perdernos aquello que hacen las demás.

 

Fitxes casino

 

A veces, esta práctica que primero era cosa de un día, puede acabar incorporándose como dinámica rutina del grupo, aunque sea de vez en tanto: como hay una sala cerca podemos pasar antes de ir a la cena o a la discoteca; como nos encontraremos para el torneo que retransmiten por Twitch, charlamos por el grupo y hacemos antes una apuesta conjunta; como hemos quedado para ver el partido, apostamos online para aumentar la emoción… De esta manera, incluso podría parecer que el grupo nunca pierde, aunque quizás unos ganen y los otros (la mayoría) no, el dinero puede quedar en el grupo (haciendo un «bote» por la próxima), lo que uno pierde, lo gana otra o, incluso, podría parecer que sólo el hecho de que alguien gane, nos da un poco de gustito a todos (aunque curiosamente, con perder no pasa tanto; ¿si uno pierde no solemos sentir que perdemos todos, verdad?

Y poco a poco, también aparece esa idea de que cada vez se es más hábil, se sabe más, se «controla» más… que esto suma a la diversión; controlar, que la gente confíe en ti, que te tengan de ejemplo o te consulten…  hace sentir bastante bien! Ahora eres tú quién dice a algunos otros que se puede ir a las casas de apuestas para pasarlo bien.

 

Daus

 

Sea como sea, parece que la diversión se acaba: cuando hay, cada vez, más ganas de ir, en compañía o no, independientemente del grupo porque en el fondo no me hace falta para disfrutar (pero después no disfruto tanto); cuando se nos va el tiempo haciendo consultas a solas (los resultados, las previsiones, las mejores ofertas…) porque los demás no me hacen falta o no se lo «curran» tanto como yo; o cuando perdemos… cuando perdemos (y perdemos) se acaba la diversión.

Entonces, ¿quizás ya no estemos jugando tanto para divertirnos? ¿Qué nos está aportando? ¿Por qué decidimos pasar tanto rato con esto? ¿Para qué tanta energía?

 

Esta entrada continúa la serie empezada con este post