Es viernes por la noche. Te has pasado la semana esperando la fiesta con grupo. Cuando llegáis al punto álgido de la noche, uno de tus colegas, saca una bolsita de speed y te dice, “Venga, hoy también, ¿no? Un poco, y ¡así aguantas toda la noche!”

Es una escena que últimamente se repite, no controlas que hace o deja de hacer la gente, suficiente tienes tu con tus cosas, pero tienes la sensación que cada fin de semana se repite esta misma situación.

Decides hablar con tu amigo, y le haces saber que sientes preocupación por el consumo que hace últimamente, pero te responde que “controla”, que “no soy como la gente que se engancha”.

Te fijas un poco y quizá sí que últimamente lo notas más nervioso de lo habitual, pero no sabes del todo por qué. Tu sabes que duerme poco y que come fatal, pero quizá era por las preocupaciones diarias que, más o menos, tenemos todas.

Te preocupa, pero también te da pereza entrar en un tema delicado, y miedo por la reacción que pueda tener si insistes. Además, te lo pasas bastante bien con el de fiesta…

Piensas que su consumo quizá tiene alguna cosa que ver con estos malestares y te quedas dándole vueltas…

Y si es mejor no decirle nada? Al final, cada persona hace lo que quiere. No quieres perder la amistad ni amargarle la noche a nadie.

Pero igual también puedes esperar un momento tranquilo y decirle que te reocupa como esta últimamente. Que no lo haces desde el juicio, que lo ves quemado.

También puedes proponerle hacer una noche de fiesta sin consumir y saber si realmente “lo controla y no está enganchado” o, por contra, lo “necesita”.

Otra posibilidad que se te pasa por la cabeza es contactar con algún servicio de información sobre drogas para saber más coses sobre el speed, su consumo y como hablar de ello.

Y tu, ¿qué harias?

Encontrar o generar el momento adecuado para hablar puede ser clave, y tu, ¿qué harias?