¿Cuántas series tienes pendientes? ¿Estás al día de “tus” pódcast? ¿Te has perdido algun live que no puedes recuperar? Es una lástima que el día solo tenga 24 horas y la semana solo 7 días. Y es que el tiempo de las personas es, lo queramos o no, limitado. Se tiene que repartir entre las diferentes actividades que se quieran realizar: también las que tienen que ver con el ocio digital. ¿Pero cómo llevan estas plataformas esta limitación humana?
¿Son lo mismo Disney +, TikTok Live y Spotify?
Las plataformas de streaming o streams se basan en transmitir contenido, particularmente audiovisual, que la persona puede reproducir desde su dispositivo en tiempo real, sin tener que descargarlo y necesitando, en general, una conexión a Internet permanente. Las dos modalidades principales son el stream on demand o a demanda (de Netflix o YouTube) y el live stream o directo (de TikTok Live o Twitch). La estrella es el video, pero también siguen este modelo plataformas de música, audiolibros o pódcast.
Si bien cada plataforma tiene contenidos propios y estrategias características, creando una “marca” o identidad particular, hay algunas mecánicas comunes que quizás nos son familiares. El carrete (o scroll infinito) nos ofrece siempre otra publicación, otro video y otro, para que no paremos nunca. Y por sí en algún momento no tienes nada en la lista, tienes tus recomendaciones personalizadas, curadas por los algoritmos a los que has ido entrenando con tus hábitos de visionado o con aquello que más le interesa a la plataforma que veas. Además, para minimizar las posibilidades de que te pares, siempre está activada la reproducción automática de contenido. Y, por último, las notificaciones automáticas, desde las novedades a los recordatorios cuando hace mucho que no entras.
Lo que más tienen en común, como vemos, es que compiten por nuestra atención.

Los algoritmos de las plataformas están diseñados para mantenernos el máximo de tiempo enganchados en la pantalla
¿Cómo compiten por nuestra atención?
Para analizar un tipo de streams específico, cogemos el ejemplo de las plataformas de películas y series de las más famosas, como por ejemplo HBO, Netflix o Movistar+. Que, además, tienen la “dificultad” o el “problema” añadido que tienen que conseguir que la gente pague de forma recurrente, se subscriba; es decir, que cada mes o cada año se pague una cantidad para acceder solo temporalmente a estos contenidos, y a veces, viendo anuncios y todo.
Pero estas plataformas, ¿que ofrecen para que paguemos y nos quedamos? ¿Cómo se lo hacen?
Lo que nos dicen es que las elijamos por la calidad o el tipo característico de sus contenidos. Es verdad que cada una procura especializarse de alguna manera para distinguirse de las demás y hacerse con una “cuota de mercado”. Netflix invierte en hacer muchas producciones propias y hacer “estrenos” frecuentemente, además de tener un catálogo muy amplio y variado. Disney+ se especializa en franquicias muy conocidas y sagas muy famosas, además de orientarse al público familiar. HBO apuesta por lo que dice contenido de calidad, buscando el prestigio. Y otras plataformas tienen un enfoque de televisión más tradicional, como Movistar+, o más cultural y cinéfilo, como Filmin.

Netflix, Disney+, TikTok o Spotify compiten constantmente por el tiempo y la atención de los usuarios a través de algoritmos, notificaciones y reproducción automática.
También promocionan ventajas técnicas, como el número de dispositivos desde los que se pueden visionar simultáneamente, el funcionamiento particular de su algoritmo de recomendación o las opciones para buscar, hacer listas, valoraciones, etc. Fijémonos que, curiosamente, la mayoría de estas “ventajas” llevan a un mayor consumo.
Pero, aparte de las anteriores, también usan otras estrategias para mantenernos enganchadas en el día a día y el máximo tiempo posible, y que nos pueden pasar más desapercibidas: por ejemplo, promocionar el binge watching (o los maratones de visionado) sacando temporadas completas de series de golpe, convertir los “estrenos” en un acontecimiento a través de la creación de hype y la promoción masiva, retirar contenido de forma estratégica y promocionarlo para incentivar el fomo, colaborar con creadoras de contenido específicas que hacen promoción, contenido diverso o reviews de las series o películas, o crear una conversación muy intensiva, sobre todo a través de las redes sociales, sobre las últimas novedades para acelerar el ritmo de consumo del contenido, puesto que la gente no quiere recibir spoilers, no se quiere quedar “fuera” de la tendencia o no quiere perderse las referencias.
¿Esto nos impacta de alguna manera?
¡De muchas!
Principalmente, cuando el tiempo de una persona es limitado y cada vez se consume más contenido, estas actividades desplazan otras actividades de ocio, le roban el tiempo. Y progresivamente también de aquellas que son necesarias, ya sea dormir, pasar tiempo con otra gente o estudiar. Estas actividades se reducen e incluso desaparecen o, en el mejor de los casos, se hacen de forma simultánea, como estudiar con una serie de fondo, dividiendo, así, la calidad de la atención. Es decir, puede afectar profundamente a nuestro bienestar.

El binge watching y la reproducción automática són algunas de las estrategias que utiliizan las plataformas de streaming para mantener la atención de los usuarios durante más tiempo.
Pero también es importante que tengamos en cuenta que el modelo de negocio va más allá de que las personas paguen una suscripción mensual: el dinero está en nuestros datos. No somos “los clientes” de un servicio, somos la materia prima. Disney +, HBO y el resto de las plataformas son una fuente constante de datos sobre nuestros hábitos, nuestros intereses o, incluso, nuestras reacciones emocionales. Cualquier dato es importante si se puede monetizar: qué nos puede influir en nuestra toma de decisiones, en qué momentos somos más vulnerables o qué mecánicas pueden afectar qué compramos o qué compartimos.
Entender cómo funcionan estas plataformas y con qué mecanismos explotan nuestras vulnerabilidades, nos puede ayudar a poner medidas. Algunas tan sencillas como desactivar la reproducción automática, sacar las notificaciones o decidir que esta semana, que tengo otras cosas importantes, no veré la serie de la que todo el mundo habla, porque, además, la semana que viene seguro que hay otra nueva. U otros, quizás no tan sencillas, pero de las que paso a paso podemos ir retomando el control sobre como elegir qué quieres ver, cuando lo quieres ver, cuánto tiempo le quieres dar y, sobre todo, cuando quieres desconectar.

