Algunas chicas toman píldoras anticonceptivas para prevenir el embarazo (aproximadamente un 17% de las mujeres en “edad fértil”), pero también muchas otras la toman para los efectos llamados no-contraceptivos: reducción del acné, regulación hormonal del ciclo menstrual, reducción de los dolores relacionados con las menstruación, etc. Se dice que 1 de cada 3 mujeres que la toman, lo hace por estos motivos.

Si decidiésemos tomar píldoras anticonceptivas (puede ser una recomendación médica, pero tenemos que valorar nosotras si es lo que queremos o no) tenemos que tener en cuenta diversos elementos para cuidar nuestra salud, entre ellos si consumiremos o consumimos alguna otra sustancia.

El tabaco tiene una preocupante interacción con las píldoras; esta combinación aumenta los riesgos de los efectos secundarios más serios que pueden ser graves, como ataques cardíacos, coágulos de sangre, etc. Están totalmente contraindicados, ya que el riesgo de sufrir alguna complicación aumenta entre 10 y 20 veces más que con las no-fumadoras (y esto incluye el consumo de porros cuando llevan tabaco).

Con la anfetamina, la interacción puede aumentar la probabilidad de reacción adversa, en especial la complicación cardíaca, y con la cocaína, su uso intensivo puede producir alteraciones menstruales que reducen su eficacia contraceptiva. También, con el alcohol u otras sustancias que pueden llegar a causar vómitos, es importante esperar entre 1 y 2 horas desde la toma de la píldora al consumo.

La «píldora» (que tiene muchas marcas y variantes) es un método anticonceptivo muy eficaz si se toma correctamente, pero en ningún caso nos protege de contagios via sexual; si tenemos relaciones esporádicas o bién si tenemos una de fija pero no nos hemos hecho las pruebas para saber si estamos bien, tenemos que usar también otros métodos que nos protejan (condones masculinos o femeninos, barreras de látex, etc.). Además, se trata de un medicamento polémico que tiene muchos efectos secundários (algunas marcas tienen denúncias por sus efectos sobre la salud) y se cuestiona si es necesario hormonarse tantos años a lo largo de la vida -y empezando desde tan jóvenes-, en muchos casos para enfermedades (como el acné o la alopecia) que podrían tener otras soluciones. Y más sabiendo que hay grandes industrias farmacéuticas a menudo interesadas en que lo usemos sin pensarlo dos veces.