En los últimos años, las formas de consumo de cannabis, tanto de THC como de CBD como de ambos compuestos juntos, se han ido diversificando. Uno de los formatos con más atractivo son los comestibles que, si bien siempre han estado presentes, han tomado últimamente nuevas dimensiones y presentaciones. En resumen, se trata de alimentos impregnados de una forma u otra con extracto de cannabis, generalmente de THC.

El rango de comestibles es muy amplio, y van desde galletas y tartas (que son algunas de las formas más conocidas), pasando por infusiones y bebidas, a dulces y golosinas. En las últimas podemos encontrar caramelos, chocolatinas, palomitas, piruletas, gominolas, etc. Es sobre este último grupo que queremos hablar de forma detenida, ya que poseen algunas características específicas que son importantes de analizar.

¿Qué las caracteriza?

En los últimos 5-10 años, y sobre todo ligado a la legalización del cannabis en Canadá y algunas partes de Estados Unidos, han aparecido más productos en los mercados legales, y parece que este tipo de comestibles comerciales han ganado visibilidad y cierta popularidad.

Entre las “ventajas” que se destacan es que son formas más discretas y “divertidas” de consumir cannabis. Por un lado, es una forma “fácil” y disimulada de tomar THC, sobre todo en lugares públicos; por otra parte, cada vez más hay personas a las que no les gusta fumar, así que es una forma alterativa de consumirlo. Y como extra, se trata de productos que pueden tener en sí mismos buen sabor.

Se trata también de una forma de consumir THC donde la duración de los efectos así como el “control” de la gradualidad de su aparición, pueden ser mayores. En los casos en que los productos están claramente etiquetados (a menudo aquellos que provienen de mercados legales), se indica la cantidad de cannabinoides que contiene cada porción, para que quien lo consume tenga más elementos para regular la experiencia.

Gominolas con THC al lado de cogollos  cannabis, mostrando la diversidad de presentaciones del producto y diferencias en como funciona

Cogollos de marihuana y golosinas con THC como ejemplos de diferentes formatos de consumo de cànnabis

¿Cómo funcionan?

Cuando se toma una sustancia comiéndola, ésta funciona de una forma específica. Es decir, no tiene mucho que ver fumar cannabis con comerlo. Cuando se ingiere un comestible, el sistema digestivo debe descomponerlo, así que los cannabinoides entrarán en el torrente sanguíneo a través de este proceso digestivo. En este formato, la forma en que el cuerpo metaboliza el THC es diferente de cuando lo hace a través de los pulmones y el resultado principal es que los efectos pueden ser mucho más potentes.

Esto también significa que el tiempo que tarden en aparecer los efectos puede variar mucho: desde el tipo de comestible y la potencia de la dosis, a cómo es el metabolismo de la persona, si hay comida en el estómago, cómo se está de salud, etc.

¿Tienen riesgos específicos?

Existen riesgos que comparten con el resto de comestibles de cannabis (además de los que tienen que ver con el consumo de cannabis en sí mismo) y es que la dosis, la potencia, etc. del cannabis o el THC utilizado es imposible de conocer sin utilizar equipamiento especializado, y que además puede cambiar muchísimo entre productos similares o el mismo producto en diferentes remesas.

Si bien existen, como hemos comentado, algunos productos etiquetados que provienen de laboratorios profesionalizados o que procuran proporcionar garantías para la persona que consume, otros provienen de laboratorios que no proporcionan ninguna información (o bien la que proporcionan no es fiable) y además no tienen ningún tipo de garantía sanitaria.

Por otra parte, también debe tenerse en cuenta que existen golosinas impregnadas con otros cannabinoides, particularmente cannabinoides semisintéticos, y que éstos se pueden comportar de formas diferentes y tienen también sus propios riesgos. De éstos hablaremos en otro artículo más adelante.

En cuanto a los riesgos específicos de las golosinas de THC, éstos tienen que ver sobre todo con su formato y presentación, que tienen diferentes implicaciones:

  • Nos pueden dar sensación de seguridad. Cuando vienen envasadas de forma profesional e imitando las grandes marcas comerciales, corremos el riesgo de confiarnos mucho, ya que asociamos los productos alimenticios con productos regulados, supervisados ​​y seguros. Nos puede dar la sensación de que todo estará elaborado de forma controlada, y no tiene por qué ser así.
  • Corremos el riesgo de sobredosificarnos. Los comestibles en sí mismos tienen riesgo de sobredosificación porque tardan mucho en hacer efecto, y las personas tienden a comer más pensando que no que les “ha subido”. Pero las golosinas, dado su sabor y la forma en que se consumen habitualmente, pueden llevar a que tomemos más porque están buenas, porque somos de dulce o porque nos despistamos.
  • Parecen inofensivos. Los caramelos, las gominolas… los asociamos a consumos divertidos, recreativos, inofensivos, a cosas aptas para criaturas… Puede dar la sensación de que es una manera más “ligera”, sencilla o menos comprometida que, por ejemplo, fumarse un porro.
  • Se pueden tomar sin saber qué estás tomando. Es decir, sería posible confundir una bolsa de estas golosinas con una corriente, u ofrecer uno de estos productos a alguien que se dé cuenta de lo que corresponden.

Y, además, tienen un marketing específico y una imagen que fomenta todos estos riesgos. Bolsas de colores llamativos, con dibujos de similar infantil, promociones que hablamos de lo fácil y delicioso que es, etc.

Bolsa de gominolas con THC y CBD

Bolsa de gominolas con THC y CBD con indicación de miligramos por pieza

¿Se pueden reducir los riesgos?

  • Empezar con poca cantidad e ir despacio. Como decíamos, los comestibles tardan mucho en surtir efecto, y cuando lo hacen, éstos pueden ser más intensos y durar más que si se ha fumado o vapeado. Mejor empezar con una dosis pequeña y esperar al menos 1–2 horas antes de tomar más.
  • Hidratarse es siempre una buena idea.
  • Mejor con la barriga llena y no tomarlos como si fueran «comida». Tomarlas con el estómago vacío no es una buena idea. Haber comido antes puede hacer que los efectos aparezcan de forma más gradual y reducir molestias.

Además, tener a mano comida “normal” por si aparece el apetito es una buena idea, para evitar consumir más sin darse cuenta.

  • No mezclar con alcohol ni con otras sustancias. La combinación con el alcohol puede aumentar el mareo, las náuseas o la angustia. Y con otras sustancias, pueden darse interacciones de mayor riesgo. Especialmente en las primeras veces, mejor no mezclar.
  • No realizar actividades que comporten más riesgos. Por ejemplo, conducir; aunque te sientas bien, el tiempo de reacción y la concentración pueden estar alterados durante horas.
  • ¡Cuidado con cómo se guardan! Conservar la etiqueta y tenerlas claramente identificadas es importante, y sobre todo mantenerlo fuera del alcance de otras personas o mascotas.

La mejor recomendación para no tener problemas en cuanto a estas golosinas siempre será no tomarlas. Pero a toda costa, ten en cuenta toda esta información para tomar tus decisiones.