Buscar maneras o recursos para mejorar el rendimiento o facilitar la realización de alguna tarea es un deseo normal. Cómo sabemos, en la vida nos podemos encontrar algunas cosas simples y fáciles, pero la mayoría no lo son. Y tampoco son igual de fáciles o difíciles para todo el mundo.
En el deporte de élite, por ejemplo, es posible obtener mejores resultados si se usa la equipación adecuada, por ejemplo, el cordaje y el marco de una raqueta para tenistas; los cinturones y zapatos de halterofilia; o los bañadores técnicos de competición para nadadores y nadadoras que recortan décimas de segundo. Pero no todo el mundo que use esta misma equipación obtendrá los mismos resultados, y en muchos casos puede haber limitaciones técnicas o de fuerza que pueden hacer que las mejoras que pudieras obtener sean imperceptibles.
Para algunas personas, estas cosas que “facilitan” la vida pueden ser necesarias o imprescindibles, como por ejemplo algunos fármacos que mejoren la sintomatología de alguna condición de salud concreta. Pero usar los fármacos prescritos a otra persona (o que no te han prescrito a ti) no garantiza ninguna mejora.
El metilfenidato y el TDAH
Una de las medicaciones más habituales para personas con TDAH es el metilfenidato. Esta medicación se traduce habitualmente en un aumento del estado de alerta, la atención o los niveles de actividad motriz y cognitiva. A menudo esta mejora, a la vez, se manifiesta en una mejora de los resultados académicos.
Ante esta lógica, hay quien piensa, de una manera que parece coherente: “¿Si tomar esta sustancia le funciona a alguna gente para estudiar más y mejor… quizás a mí también, aunque no tenga TDAH?”
La respuesta breve es no.

Diferentes presentaciones del metilfenidat: cápsulas y pastillas
El metilfenidato y el estudio si no tienes TDAH
Esta lógica, que parece coherente, parte de un error previo; pensar que el sistema nervioso y, en particular, dentro del cerebro de todo el mundo pasa lo mismo. El mecanismo de acción de estos medicamentos afecta la sinapsis, es decir, el sistema de comunicación entre neuronas. A una persona que no muestra ninguna variación en este proceso, no le supondrá una mejora de la capacidad de atención o concentración porque el cerebro no necesita este ajustamiento.
Por lo tanto, no dará los resultados esperados, si lo que se espera es mejorar los resultados académicos. Es como utilizar un neopreno de alta competición para hacer cuatro largos en la piscina en verano para refrescarse: no notarás ninguna mejora porque tu cuerpo no lo necesita.
En conclusión
Consumir un estimulante sin necesitarlo no te hará más inteligente, ni impactará por sí mismo al estudiar mejor, ni sacarás mejores notas. Del mismo modo que unas bambas con placa de carbono de ultimísima generación que permite a un atleta correr un maratón en menos de dos horas, no te hará obtener el mismo resultado, consumir un medicamento estimulante pensado para personas con TDAH, no transformará tu rendimiento.
Es normal buscar soluciones fáciles, pero no siempre existen. Con la salud —y con el cerebro— más vale no hacer experimentos.

Usar el mismo material que los deportistas de élite no te hará correr a la misma velocidad

