Combatir las violencias machistas en los entornos digitales es una tarea de cada día, pero en fechas específicas como el 25 de noviembre, ponemos un foco especial para prestarle atención, reflexionar conjuntamente y compartir algunas estrategias, a la vez que manifestar que estas violencias han de terminar.
Tenemos claro que el mundo virtual, al igual que el resto de lugares en los que tiene lugar la vida, no está libre de violencias machistas sino que reproduce las formas y patrones de la misma estructura que también las produce fuera de línea. A veces tenemos la falsa sensación de que, como se trata de espacios que nos sentimos nuestros o donde nos sentimos cómodas (como las redes sociales o los videojuegos), se dan menos violencias machistas; y decimos falsa sensación porque si pensamos en ello unos momentos, nos damos cuenta de que esto no es así.
Los espacios digitales son un canal más por el que las violencias machistas se manifiestan y se ejercen. Pero a veces puede costarnos identificarlas como tales y, por tanto, resultarnos confuso definir qué es una violencia machista digital en nuestro día a día.

Identificar las violencias machistas no siempre es fácil
Una de las primeras dificultades es que a veces las pensamos como cosas que sólo ocurren dentro de las pantallas. Y es que prácticas de violencia machista exclusivamente digital, hay pocas (por suerte); pero que sean pocas no significa que no se puedan dar mucho y tengan un impacto muy grande. Porque si lo pensamos realmente, violencias exclusivamente digitales también hay pocas (robo de imágenes íntimas digitales, deep fakes de contenido sexual, ataques tecnológicos y robo de cuentas, etc.). Muy a menudo, las violencias digitales son extensiones de la violencia que se da fuera de la pantalla (insultar, menospreciar, amenazar…), trasladada dentro de ésta, y por tanto si cuesta verlas fuera también cuesta verlas dentro y, a veces, incluso más.
Para identificar estas menos evidentes y más cotidianas os proponemos poner el foco en dos maneras de mirar las violencias, y estirar del hilo:
En primer lugar, podemos pensar en situaciones y violencias que se dan en los entornos online y que ya tenemos muy identificadas (algunas prácticas específicas como son las humillaciones públicas, los insultos, las intimidaciones, o la difusión de imágenes sin consentimiento, etc.) que son tipos o estrategias específicas de violencia digital que pueden sufrir diferentes personas pero que están especialmente dirigidas a chicas, jóvenes, mujeres y personas no binarias, por el hecho de serlo. Por ejemplo, se busca hacer daño especialmente con el tipo de insulto que se utiliza (que no se utilizaría hacia todos por igual) o por el tipo de humillación que se busca (como puede ser la humillación sexual). Estas estrategias también se dirigen a otros colectivos minorizados, como ataques racistas o lgtbiq+fóbicos. Así, estas violencias a veces son complejas de identificar porque, como decíamos, diferentes tipos de violencias estructurales pueden utilizar las mismas estrategias o prácticas específicas (por ejemplo, las humillaciones públicas pueden darse en el marco de una situación de ciberacoso, en un ataque racista o en una relación de violencia machista) y puede dar la sensación de que «en internet se humilla a todo el mundo, no es algo de machismo o de racismo». No es así y, en el fondo, lo sabemos: es cierto que en los entornos digitales hay prácticas -e incluso algunos espacios- muy agresivos o violentos, pero curiosamente hay personas a las que se les ataca más que a otras, y sistemáticamente, sólo por “corresponder” o pertenecer a un colectivo.
En segundo lugar, podemos pensar en violencias machistas que ya tenemos identificadas fuera de las pantallas y ver cómo se trasladan a los entornos online. Aquí, el problema es que hay tantos tipos y tantas intensidades, que creemos que las tenemos muy identificadas pero cuando nos pasan a nosotros o a nuestro entorno cercano -especialmente si las ejercen personas cercanas a las que tenemos cerca ya las que amamos–, nos cuesta creerlo y reconocer que sí, nos está pasando.
Cómo afectan en nuestro día a día digital
Otra de las dificultades de identificar y combatir las violencias machistas digitales es que son tan comunes que generan muchas respuestas casi automáticas o que parecen “normales” y “naturales”, afectando a la manera en que las chicas, las jóvenes, las mujeres y las personas no binarias utilizan las pantallas.
Por ejemplo, las chicas jóvenes por lo general se sienten inseguras con las redes sociales cuando más abiertas son éstas (sensación que los chicos, en general, no comparten de la misma manera); tener un perfil público, abierto, es casi sinónimo de recibir constantemente interacciones no deseadas, por lo que habrá que borrar, ignorar, combatir mensajes o bloquear perfiles y personas de forma habitual.

Para las chicas significa conocer bastante al detalle cuáles son las opciones de cada aplicación en tanto que privacidad o si no, ir aprendiendo sobre la marcha a enfrentarse a las diferentes situaciones. Para las chicas significa también jugar a menos videojuegos, porque algunas comunidades son más “tóxicas” (y curiosamente en especial con las chicas) o porque siempre intentan ligar con ellas cuando juegan. O tener que hacerse perfiles en aplicaciones para compartir información, o venderse cosas o para suscribirse a foros, donde no indiquen claramente que son una chica o una persona no binaria. Para las chicas también significa tener partes de las cuentas de sus redes privadas y sólo para un grupo muy específico de personas, o incluso tener dos perfiles, uno más propio y uno más público donde los ataques que pueden recibir no hagan tanto daño, porque se comparte menos información que importa.
Porque el día a día es ir viviendo, en primera persona o a través de amistades que tienes muy cerca, muchas situaciones no deseadas: comentarios insistentes por parte de personas a las que se ignora activamente o se rechaza una y otra vez, comentarios ofensivos y desagradables, intentos de contactar a través de todas las redes que se tienen, peticiones de fotos íntimas, peticiones de encuentros sexuales, comentarios dudosos por partes de personas desconocidas muchas veces adultas, envío de imágenes de partes íntimas sin consentimiento de quien las recibe…
Seguramente cualquier grupo de amistades conoce un caso, más o menos cercano, de alguna chica que en algún momento ha tenido que hacerse todas las redes privadas o incluso desinstalar permanentemente alguna aplicación. Porque ha recibido acoso sexual, por las amenazas de un ex, porque recibe mensajes anónimos constantes sobre su cuerpo o sus prácticas sexuales, porque grupos de desconocidos le atacan las publicaciones de forma…
Quien menos las ve o quien menos quiere verlas
Y por último, otra de las dificultades importantes en identificar las violencias machistas digitales en el día a día, es que aquellas personas que las están ejerciendo parecen no darse cuenta, quizás porque realmente no han reflexionado o quizás porque no quieren hacerlo. Porque como en las redes, videojuegos y otros entornos digitales, cuesta ver a quién hay al otro lado, debemos detenernos un segundo para reflexionar que esta petición de fotos íntimas no sólo es no deseada y por tanto duele, sino que quizá sea la tercera o la cuarta vez que le pasa a esa persona, y que cada vez hace sentir peor. Pero como estas cosas “pasan”, y las “hace todo el mundo” en los entornos digitales… ¿Esto sirve de excusa para seguir haciéndolo?

Por todas estas cosas, es importante que haya días señalados en los que nos paramos a reflexionar ya compartir. Pero lo importante es la lucha del día a día, porque es la forma de acabar con estas violencias machistas.
Por otro lado, si quieres saber un poco más sobre violencias machistas digitales o crees que tú o alguien de tu entorno ha podido partir alguna, visita este recurso.

