A veces, ¿corren muchas fotos (y también stickers, memes, vídeos, capturas de pantalla…) sin permiso?

Una amiga nos está contando cómo ha ido una conversación y de repente nos envía una captura de pantalla para que lo leamos directamente; un sticker con la cara de un colega de la uni; un vídeo de la última fiesta a la que fuimos; una foto de una chica de clase en ropa interior.

¿Os ha pasado alguna vez que sin pedirlo os llega una imagen de alguien, en ropa interior por ejemplo? ¿O en algún contexto que vemos que es muy íntimo? Es probable porqué, aunque se dice que estas cosas no ocurren, sabemos que sí pasan.

 

 

Cuando se recibe una foto de este tipo, la mayoría de la gente se fija mucho en quien aparece. ¿Quién es? ¿Por qué sale así en la foto? ¿Cómo es que lo ha enviado? Preguntas que van acompañadas de juicio hacia esta persona (normalmente chica, pero de esto ya hablaremos más adelante). Se juzga su cuerpo, la posición con la que aparece, la ropa que lleva o no, donde está hecha la foto… Y si esta foto responde a una práctica sexual, entonces se juzga definitivamente a su persona en base a su sexualidad. O no te suena lo de “qué guarra…”.

La foto corre; los juicios, comentarios y rumores también. ¿Pero por qué? Por la broma, el cotilleo, el morbo, la envidia, la venganza… Pasa de conversación en conversación, de grupo en grupo y sigue centrando toda la atención la chica que sale. A veces, aunque nos parezca mal lo que está pasando, o sea para criticarlo, comentamos y hacemos circular las imágenes igualmente; pensamos que es solo a una persona o dos… pero quizá estas dos lo envían a otras dos más, y a dos más…

Pero ¿y si nos fijamos en quién no sale en la foto? ¿En quién nos la reenvía, bromea o hace comentarios hirientes?

 

 

Si cuando se recibe la fotografía se reconoce a la persona, es alguien que conocemos o incluso una amiga, seguramente la reacción será muy diferente que si no es así. Es muy posible que pidamos explicaciones a quien nos lo ha enviado y pidamos que deje de difundirla; llamamos o intentamos ver a nuestra amiga para contarle qué pasa; le preguntamos cómo está y qué necesita; le mostramos nuestro apoyo; nos organizamos para intentar detener esta difusión y tantas otras cosas que seguro que se nos ocurren. Pero ¿y si no conocemos a la persona? Cuando no se sabe quién es a menudo hay menos empatía y contribuimos más a la rueda de reenvíos (o simplemente la guardamos en nuestra galería, porque todo queda guardado por defecto). ¿Pero realmente lo que está pasando es muy distinto?

Da igual si esta foto se la ha hecho ella, se la han hecho, la ha enviado a otra persona porque tenían un pacto… Muy probablemente nunca sabremos los detalles de cómo ha ido ni tampoco necesitamos saberlo. Pero incluso si ha decidido enviarla a alguien bajo un pacto de respeto… ¿que una persona se quiera tomar una haga una fotografía de una determinada manera da permiso al resto para difundirla? ¡No!

No desviemos la mirada. Lo que sabemos seguro es que, si se envía una imagen sin consentimiento de otra persona, estamos haciendo daño, estamos haciendo sexpreading, estamos agrediendo. Y nada justifica una agresión.