¿Puede la misma sustancia tener efectos muy diferentes en dos personas? ¿Puede el mismo porro dar “colocones” que no tienen mucho que ver? ¿Incluso reacciones que parecerían opuestas?

Ahora que ya hemos captado tu atención, una aclaración previa:
Una de las cosas que contamos habitualmente -y no nos cansaremos de hacerlo- es que cada persona es diferente. Y sabemos que parece estúpido repetirlo cuando es de sentido común. Pero claro, esta cuestión en relación a las drogas es muy y muy importante.
Y ¿por qué es importante? Porque en algunos temas se hace muy difícil establecer reglas generales o explicaciones universales que den respuestas únicas que sirvan para todo el mundo.

Volvamos a la pregunta inicial, y por poner un ejemplo con el cannabis: quizás habéis oído historias de dos personas a las que, consumiendo la misma marihuana, han tenido efectos totalmente diferentes. O personas (mucho más de lo que se suele comentar, porque no queda bien) a quien la experiencia les ha resultado incluso desagradable cuando todo el mundo le había hecho “publicidad” del contrario.
A veces, ante estas situaciones, se repiten mitos del estilo “todo es acostumbrarse”, “hay que insistir para que el cuerpo se habitúe”, “esto es que no tienes ni idea”, o otros comentarios sin mucho fundamento.

 

 

Si hacemos caso a un estudio reciente, la realidad puede ser bastante diferente. Si bien es cierto que habitualmente los efectos se atribuyen a la sustancia (en este caso siguiendo el ejemplo que hemos propuesto) al tipo de marihuana -la variedad de la planta, los cannabinoides presentes como el THC o CBD, etc.-, las características de la persona podrían ser aún más relevantes. Para ser más precisos, cómo reacciona una parte específica del cerebro al cannabinoide más famoso, el THC.

Según este estudio el núcleo accumbens, una región de nuestro cerebro que se encarga de clasificar las sensaciones que percibimos y especialmente las sensaciones gratificantes (pero que también tiene un papel destacado en procesos de motivación, de planificación de la conducta o de evaluación de las situaciones) está a la vez vinculado a las sensaciones desagradables o aversivas. Y también según este estudio, el THC puede activar zonas diferentes de este núcleo según la persona (y su disposición neurológica, o genética, u otros motivos que se están investigando), generando experiencias muy diferentes.

 

 

Sea como sea, y en resumen: pues si, a personas diferentes, los efectos pueden ser diferentes. Y por mucho que hayamos oído experiencias de personas, lejanas o cercanas, no podemos dar como verdades universales las medidas o los consejos o las vivencias de otros.

Reflexionar, ser personas críticas con la información que recibimos, asegurarnos de que la información que tenemos está fundamentada, escucharse a uno mismo o una misma… ¡serán siempre grandes ideas!

Y por si a alguien le interesa la ciencia en su formato más “duro”, aquí tenéis el estudio al que hacemos referència.