La publicidad de las bebidas energéticas insiste en presentarlas como bebidas que dan energía, eliminan el cansancio, facilitan la concentración o aumentan el rendimiento. A menudo se asocian a deportes extremos, carreras de coches, a noches largas de diversión. Son patrocinadores de deportes y deportistas y sus marcas aparecen en todas partes.

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Si preguntamos a la gente, nos dirán que se pueden usar para hacer deporte, para estudiar, mezcladas con alcohol para aguantar toda una noche de fiesta… Son como un remedio mágico que se utiliza para todo. Así que se pueden consumir también en cualquier momento. Y en grandes cantidades porque… no hay riesgo ¿verdad?

Pues la realidad es que no sirven para ninguna de estas cosas (estudiar, concentrarse, rendir más…), ni tienen ninguno de los beneficios que la gente le supone. Además, las bebidas energéticas pueden ser nocivas según como las usemos y en cantidades no muy elevadas.

Además de tener una cantidad desmesurada de azúcares, estos otros “ingredientes” que contienen (taurina, ginseng, guaraná… y algunas no sabemos bien ni qué llevan) no sirven para lo que se anuncia. A menudo dos bebidas energéticas no se parecen entre sí en poco más que lo que promocionan sus anuncios (¡en los azúcares!).

Algunas se basan en cafeína (en grandes cantidades) o como mucho algunas vitaminas del grupo B (encontrarás más en los frutos secos que en estas bebidas). Y no eliminan realmente la fatiga o el agotamiento, sólo los inhiben temporalmente. Es decir, es normal tener una sensación de bajada más importante después de tomar estas bebidas.

Su mezcla con alcohol está desaconsejada absolutamente -por tratarse de estimulantes. Su mezcla con un depresivo puede llevar a problemas importantes.

Cuando algo parece que sirve para todo y no sirve para nada, la respuesta entonces es simple: sirve para ganar dinero.

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