La cafeína nos resulta muy familiar. La conocemos básicamente como aquello que hace que el café sea café (excepto cuando es descafeinado, que sigue siendo café, pero parece que no tanto).

Además, a día de hoy la cafeína se encuentra también en otras bebidas tipo refrescos, bebidas energéticas o también en suplementos deportivos (para hacer una lista corta). Y también como adulterante de otras drogas, pero eso sería otro tema 🙂

Lo que no es tan conocido es que esta molécula también tiene otros nombres (como guaranina, teína o mateína) que son varios porque provienen de las diferentes plantas de las que se pueden extraer (y que se pensaba que eran diferentes antes de averiguar su estructura química) y que pueden llegar a ser decenas: como la teína del té o, como se pueden imaginar, la guaranina del guaraná. Ya veis que con los nombres no siempre se es muy original.

 

 

La cafeína es considerada por muchos como una droga, la más consumida a nivel mundial, pero no se considera como tal por las listas de fiscalización pertinentes (tal y como entienden éstas las drogas). Sea como sea -y de forma muy resumida- la cafeína activa el sistema nervioso central, provocando cierto incremento en la alerta y la vigilia; una de las cosas que hace es bloquear los receptores encargados de la adenosina, que es la encargada de hacernos experimentar cansancio y sueño, así que estos efectos son más leves. Como otros efectos que se pueden percibir, la cafeína puede acelerar la respiración y el ritmo cardíaco, y en dosis altas puede llegar a causar rigidez muscular. Y al ser muy diurético, es decir, que nos hace orinar con más frecuencia, hace trabajar mucho los riñones. Debemos tener claro que en grandes cantidades puede causar una intoxicación.

Y una intoxicación de café es muy peligrosa. Por ejemplo, un consumo excesivo pueden ser dos o más bebidas energéticas!

 

 

Si vamos más allá del café (o del mate o el té) y exploramos las bebidas energéticas o los conocidos como “suplementos alimenticios”, una de las cosas importantes que debemos tener en cuenta es que la cafeína, en estos nuevos formatos en los que está apareciendo, está añadida de forma artificial. Como todas las moléculas que se encuentran en elementos naturales (plantas, arbustos o árboles como es el caso), gran parte de los posibles beneficios que se encuentran pueden darse porque están combinados con otros compuestos que tienen efectos porque trabajan juntos. Aislar estos componentes y “fabricarlos” en otros formatos modifica sus efectos.

En la conocida como “nutrición deportiva” la cafeína se ha introducido en muchos elementos (barritas, bebidas especializadas, productos “enriquecidos” con cafeína…) con una especie de promesa que ésta mejora el rendimiento. Si bien los efectos estimulantes del café son bien conocidos, la relación con la cafeína y el aumento de rendimiento físico es controvertida: se ha demostrado que en dosis muy concretas puede tener algunos efectos durante períodos específicos de tiempo (de tipo resistencia), pero no se ha demostrado por ejemplo, una relación con el ejercicio de alta intensidad (o de fuerza, o de corta duración) como algunos suplementos prometen.

 

 

Y esto ocurre también con algunos elementos cosméticos, o productos que prometen pérdida de peso o reducción de grasas. Promesas que no se cumplen.

Si bien la cafeína está presente en todas partes, no es esta “solución para todo” que nos quieren hacer creer!