Si hacéis memoria, quizá recordéis si os hicieron algún taller sobre tabaco en la escuela cuando eráis más pequeños y pequeñas, o fuisteis a alguna actividad al Centro Cívico o al CAP del municipio, o tuvisteis una exposición de paneles en el vestíbulo del centro en alguna ocasión…
Además, a lo largo de los años, información disponible sobre el tabaco encontramos mucha, y a día de hoy, prácticamente toda la que hay es sobre todos los efectos negativos que tiene… a estas alturas, sería difícil tener alguna duda respecto a cuan perjudicial es para la salud.
Pero, aún así, hay gente que aún se engancha a fumar… ¿como puede ser?
Normalmente lo primero que viene a la cabeza es que la gente se engancha de adolescente, cuando no se tiene demasiada consciencia de lo que comporta o se valoran sus «efectos» sociales o se tontea con el tema con el grupo de amistades… y entonces, ¡ya está hecho! Pero hay estadísticas que nos dicen que bastante gente se engancha incluso más tarde… ¡a los 18, 19 o 20 años!
Entonces, nos preguntamos: ¿quizá pasan cosas nuevas cuando voy a estudiar un ciclo? ¿O cuando empiezo la universidad? ¿O cuando empiezo un trabajo nuevo?
¿Conozco a gente nueva? ¿Empiezo a salir en otros ambientes? ¿Tengo nuevas responsabilidades?
¿Quizá pensamos que es el momento de hacer cosas nuevas? ¿Quizá probamos nuevas formas de hacer? ¿Quizá siento nuevas inseguridades, o nuevas ganas?
Quizá cuando hay todos estos cambios, ¿nos despistamos?


