Con el invierno a menudo aparecen los resfriados, las gripes, las narices que gotean… y la tos.

La tos, realmente, es un mecanismo de defensa reflejo de nuestro organismo que -en general- nos protege, ya que mantiene las vías respiratorias abiertas y expulsa “cosas” innecesarias de nuestros pulmones. Es decir, es a menudo algo bueno!

Sin embargo, especialmente cuando esta tos es seca, a veces genera mucho agotamiento o dificultades para descansar. Así que hay quien toma medicamentos antitusígenos o béquicos, es decir, que calman la tos.

A menudo podemos no utilizar estos medicamentos hidratándonos bien para que no se resequen las vías respiratorias, tomando remedios más caseros como miel y limón, o alimentándonos mejor!

Es muy importante que estos sólo se tomen en casos específicos y con supervisión médica a poder ser, ya que cuando la tos es expectorante (es decir, para sacar mucosas u otras secreciones de los pulmones como comentábamos) es importantísimo dejar al cuerpo hacer su trabajo y no detenerlo. O incluso tomar jarabes u otros medicamentos que no frenen la tos, sino que la faciliten.

Pero volviendo a los jarabes para calmar la tos, una gran parte suelen ser derivados opiáceos como la codeína, la codetilina o el dextrometorfano, y derivados sintéticos como el oxolamina y el clofedanol.

 

 

No todos son iguales, ni sirven siempre para lo mismo y, por norma general, ¡no siempre más es mejor! Es importante seguir al pie de la letra las indicaciones sobre dosis y frecuencia, principalmente porque lo que en pocas cantidades puede ser un remedio, en grandes cantidades puede ser un veneno.

Pero en resumen y generalizando, se trata de sustancias muy complejas que no deberían mezclarse con otros medicamentos o drogas (a no ser que haya una supervisión médica) y especialmente con otros depresores del sistema nervioso (como son el alcohol, por ejemplo, las benzodiacepinas, o variedades específicas de cannabis).

Cuando se mezcla con el alcohol (que falsamente nos parece la droga más inofensiva) se puede crear una sinergia de refuerzo mutuo de los efectos sedantes, haciendo que los efectos sean incluso mayores que si las sustancias se consumieran por separado. Es decir, más desorientación, somnolencia, dificultad con los reflejos y los movimientos en general, etc. Incluso la pérdida de conciencia. Hecho que sabemos que puede conducir a situaciones muy graves. Es muy, muy fácil sobrepasar un umbral de seguridad que puede conducir a una sobredosis.

 

 

Podéis echar un vistazo a la interacción de los opiáceos con otras drogas en esta publicación.

Quizá habréis escuchado que hay quien utiliza estos jarabes para colocarse, o hace mezclas extrañas con refrescos y/o otras cosas dulces… experimentos dignas de un challenge de youtube o instagram… Y es una idea pésima.

Por ejemplo, el el dextrometorfano o DXM (que se puede encontrar en jarabe, comprimidos o pulverizado) puede provocar que quien lo tome tenga problemas para controlar las extremidades, provocar visión borrosa, mareos o náuseas y vómitos (muy habitualmente), para poner algunos ejemplos. Otros efectos secundarios graves de la ingesta en grandes cantidades es la pérdida de conciencia o las convulsiones, e incluso la muerte.

Para poner además otro ejemplo de interacción con otras drogas que no sean el alcohol, del que ya hemos hablado, un efecto secundario especialmente peligroso del DXM es la hipertermia -una subida importante de la temperatura corporal- que es un efecto secundario también de la MDMA, que puede conducir a un golpe de calor, que como hemos comentado en otras ocasiones, puede llegar también a ser letal.

 

 

No se trata de situarse en el “drama” con estos temas, sino sencillamente de tomarlos de la forma en que son, y ésta es seria, sin bromas.

Si tenemos un resfriado, una gripe o algún otro malestar, cuidémonos y recuperémonos para disfrutar de la fiesta cuando estemos al 100%.