Comentarios, imágenes, conversaciones breves (o infinitas), memes y gifs, emoticonos y reacciones, encuestas para quedar, vídeos, mensajes anónimos… ¿De qué hablamos cuando hablamos de chats y redes sociales?
Si hace unos años los usos de chats y redes sociales eran fácilmente separables, en la actualidad apenas podemos hablar de unos sin otros. Aplicaciones de chat que permiten compartir imágenes, estados, música, videojuegos… y redes sociales que amplían el concepto de chatear y de hacer grupos. En pocos años han surgido muchas, con distintas comunidades y estilos, pero con muchos puntos en común. E incluso aquellas plataformas que no lo eran, han ido incorporando también esta dimensión.
Tienen su punto…
Una de las mayores ventajas de los chats y las redes sociales es que nos permiten estar en contacto con mucha gente; personas que viven lejos o cerca, conocidas o desconocidas. Transmiten sensación de inmediatez y comodidad. Y además se considera para muchas un espacio de expresión personal y participación pública muy importante, incluso de incidencia política.
En los últimos años hemos sido testigos de lo prácticas que pueden ser para no perder el contacto y sentirnos conectadas. Además, se han sofisticado mucho en lo que se refiere a opciones de lenguaje (tanto escrito, como visual u oral). Ya no se trata sólo de expresarnos con palabras abreviadas. Tenemos múltiples formas de enviar un mensaje (notas de voz, llamadas y videollamadas, imágenes…) y de participar del contenido que se publica (vídeos en directo, contenido de acceso limitado, encuentros virtuales abiertos, filtros por las imágenes…).
Cuando queremos desconectar y distraernos de lo que ocurre a nuestro alrededor, los chats y las redes son seguramente el recurso más habitual.
Los espacios y comunidades virtuales que se crean permiten tener un punto de encuentro importante para mucha gente. No siempre es fácil poder mantener el contacto con las personas de tu país de origen cuando has realizado un proceso migratorio o encontrar personas con tus inquietudes donde quiera que vives, por poner dos ejemplos. Además, en teoría no se debería discriminar a nadie, pero ¿es un espacio de participación realmente libre? Las redes sociales pueden ayudarnos a ponernos en contacto con un montón de personas, pero ¿las empresas lo facilitan de forma altruista y gratuita?
Qué hay detrás…
Aunque es una evidencia, no está de más autorecordarnos que lo que se muestra en las pantallas no siempre se corresponde a la realidad. En una sociedad consumista y donde se premia tanto el éxito social (especialmente relacionado con todo lo económico), ¿es fácil que las personas se puedan mostrar vulnerables o en dificultades? ¿Y tras una idea de hiperconectividad puede haber también mucha soledad?
También es evidente que a nivel estético las imágenes que vemos tampoco se corresponden 100% a lo que hay detrás de la pantalla, y no hablamos sólo de paisajes. Pero a pesar de saberlo, y tenerlo súper claro, igualmente acabamos tragando cánones de belleza imposibles con filtros, posiciones, ángulos e iluminaciones muy estudiadas.
- Parece que no debería afectarnos, porque ya sabemos cómo funciona… pero ¿nos afecta emocionalmente y en la forma de vernos a nosotros mismos ya nuestro entorno?
- ¿Por qué siempre triunfan representaciones tan alejadas de la realidad? ¿Qué interés existe en mantener esta distorsión? ¿Y el malestar que genera?
- Aunque cada vez hay más disidencias, ¿qué ocurre con todos los cuerpos menos normativos? ¿Es un espacio de representación para todas las personas y todos los cuerpos?
- Y esto, ¿puede generar violencias?
La comunicación a través de los chats y las redes sociales también tiene dificultades o problemáticas que, a pesar de conocerlas, no siempre les prestamos suficiente atención. ¿Podría ser que acabemos escribiendo en un chat lo que se nos hace difícil decir cara a cara? ¿Es fácil que otras personas se hagan una imagen de nuestro carácter o personalidad que no se corresponda con cómo nos sentimos realmente?
Expresarnos de forma compleja, con ideas profundas, puede ser complicado en espacios donde todo va tan rápido y debe ser breve e inmediato. Simplificar o no poder matizar lleva muchas veces a malentendidos y conflictos, condicionados también por la dificultad de empatizar con aquella persona que no vemos o que no sabemos quién es (en el caso del anonimato).
La mayoría de chats y redes sociales son propiedad de empresas que captan nuestra atención de maravilla, con un objetivo de lucro económico que va mucho más allá que facilitar la conectividad entre personas.
- Qué miramos y durante cuánto rato; en qué ubicaciones nos situamos; qué tipo de contenido compartimos; nuestra edad o nuestros gustos… son sólo algunos de los datos que se registran desde las empresas con la voluntad de convertirlo en beneficios económicos.
- Quizás no pagamos con dinero en muchos casos (aunque siempre es fácil encontrar algunas opciones “Premium”) pero obtienen un beneficio económico real, con información personal que se pueden vender a otros.
- Así, la publicidad que nos colocan puede ser cada vez más cuidadosa y ¡hacer que compremos más!
Loops y reels infinitos son algunas de las herramientas que las empresas desarrollan para provocar el máximo tiempo de uso y que no nos despegamos de la pantalla.
Aunque cada vez se habla más y conocemos mejor las condiciones de uso y aspectos como los derechos de imagen o la regulación de la privacidad, la mayoría de aplicaciones de chats y redes sociales están pensadas para que esto sea a lo que menos atención ponemos.
Nos venden las redes sociales como un espacio virtual de expresión y comunicación, pero ¿somos participantes, clientes o productos? Y lo más importante, cuando sólo nos expresamos a través de estos canales, ¿perdemos espacios nuestros como la calle?
Si no entramos…
Si no entramos contribuiremos a mantener la idea de que no todo el mundo es igual ni hacemos siempre lo mismo.
- Ganaremos más tiempo para nosotros y para los demás, diversificaremos nuestras actividades y podremos gestionar mejor el aburrimiento.
- Quizás no tendremos un número tan elevado de interacciones sociales pero gozaremos de relaciones de mayor calidad ya las que podremos atender mejor.
- No sentiremos angustia relacionada con las respuestas inmediatas o la participación “obligada”.
- Recibiremos menos publicidad y menos mensajes nocivos como los que potencian la violencia estética.
- Tendremos un mayor control de nuestros datos y no los regalaremos continuamente a empresas que harán negocio de formas no muy éticas.
- Podremos manejar mejor nuestra imagen, así como intimidad y privacidad.
Es cierto que quizás no estaremos al día de todas las cosas que se publican y que quizás nos perdamos algunos debates que sólo se dan online, pero tendremos más tiempo para hablar con profundidad con la gente que nos interesa escuchar. Además, tendremos mayores habilidades de debate y oratoria.
Si entramos…
Si entramos es evidente que estaremos a la última de lo que se publica y que haremos lo que la mayoría hace.
- Preguntémonos si debemos estar en todas las aplicaciones de chats y redes sociales o si podemos escoger en cuáles nos sentimos más cómodos, tanto por el contenido como por la gestión que se hace de los datos, por ejemplo.
- Recordemos que también podemos gestionarlas instalándolas o desinstalándolas durante períodos de tiempo que decidamos.
- Podemos desactivar o ajustar las notificaciones para elegir nosotros cuando entrar, no que nos lo diga la aplicación.
- No olvidemos que lo que se muestra es sólo una pequeña parte de lo que vivimos, seguramente la más fácil de compartir.
- Procuramos no engañar a nadie, somos como somos, y las personas de nuestro alrededor lo valoran así.
Si estamos en un momento complicado, en el que emocionalmente sentimos que necesitamos más apoyo, busquémoslo fuera de las redes sociales. Si vemos que alguien está en esta situación le ofrecemos también apoyo más allá de las pantallas.
No dejemos que se nos coma todo el tiempo libre. Marquémonos, si es necesario, un horario o en qué momentos no las utilizaremos de forma consciente. A nadie le gusta que mientras está contando algo importante la otra persona esté mirando la última historia que otro ha colgado.
Reflexionamos en torno a cuál será nuestra presencia, nuestro trato, nuestra intimidad en las redes y cómo la querremos gestionar. También en cómo queremos tratar la del resto.
- No compartimos datos personales, utilizamos contraseñas complejas y leemos las condiciones de uso antes de aceptarlo todo. Tengamos claro que todo lo que compartimos en las redes y en los chats deja rastro.
- No utilizamos imágenes (fotos, memes, stickers, gifs…), vídeos o audios de otras personas sin consentimiento. Podemos estar de acuerdo (o no) con lo que alguien ha colgado o pasado, pero nada es excusa para difundir imágenes sin consentimiento.
Si tenemos clara una reivindicación, no la expresamos sólo en las redes sociales o chats de amistades, salimos a la calle a compartirla.
Prestamos especial atención cuando…
Pasamos más tiempo de lo que nos gustaría pendientes de lo que ocurre en los chats y en las redes sociales. Quizá sea un buen momento para buscar alternativas y ponernos límites.
Lo que ocurre en los chats y en las redes me inquieta o me angustia y necesito verlo al momento.
Decidimos conocer a personas a través de redes sociales. Explicamos lo que haremos a otras personas (no es necesario esconderse) y buscamos estrategias que nos hagan sentir cómodas y seguras.
Si el contenido que estamos compartiendo o viendo nos hace sentir incómodos, o nos sentimos angustiadas tanto cuando tenemos presencia en las redes como cuando no.
Nos llega una imagen sin consentimiento de otra persona. No señalamos a quién sale y buscamos de qué formas podemos detener esta agresión.
Nuestro entorno (amigas, gente de confianza, familia a la que apreciamos) nos comenta que pasamos demasiado tiempo o estamos demasiado pendientes, hasta el punto de que les genera preocupación.

