En esta época de resfriados, alergias y malestares generales, a menudo aumentamos nuestro consumo de medicamentos. Hoy hablaremos de los antihistamínicos y su interacción con otras drogas.
Los antihistamínicos son medicamentos que se usan (siempre que se quiera y preferentemente bajo consejo médico) para el tratamiento de alergias pero también en relación a resfriados o síntomas de la gripe. Situaciones que involucran estornudos, ojos llorosos, que la nariz gotee, etc. ¿Os suenan? También en el caso de reacciones alérgicas de la piel, que producen picores o irritaciones. Para saber más, podéis miraros este artículo de divulgación.

De estos medicamentos hay varios tipos (por ejemplo, los que se denominan de primera generación -que tienen más efectos secundarios- y los de segunda y tercera generación) y además entre estos hay diferencias en las dosificaciones, la frecuencia en la que se deben tomar, etc. Y, lo que nos interesa en este post, también hay diferencias en la interacción con otras drogas. Hay mucha diversidad, así que aquí haremos unas notas generales, pero lo mejor siempre es leer el prospecto completo del medicamento, preguntar a nuestro o nuestra médico o incluso farmacéutica todos estos temas en relación a la medicación. Y el mejor consejo de todos: la mejor manera de no tener problemas mezclando drogas es no mezclarlas.
Si no estamos al 100%, ¡no nos la juguemos!
En general -y especialmente los de primera generación-, los antihistamínicos tienen unos efecto secundario bastante conocido, que es el aumento de somnolencia. Esto significa tener sueño, a veces mucho sueño. Otros efectos pueden ser desconcentración, desorientación y provocar lentitud de reacción. En este sentido son sedantes, así que mezclar con otros sedantes o depresores es una mala idea.
Por ejemplo, en el caso de la mezcla con alcohol, hay personas que relataron tener ataques de sueño incontrolables, o incluso pérdidas de memoria muy importantes.

Como os hemos explicado otras veces en la interacción con el alcohol, algunos medicamentos pueden obstaculizar su eliminación, incrementar o disfrazar sus efectos causando reacciones muy difíciles de predecir. A la inversa, el alcohol también puede hacer los medicamentos menos eficaces o interferir con su eliminación.
Por ejemplo, algunos antihistamínicos son profármacos (que quiere decir que son sustancias inactivas hasta que no se metabolizan -es decir, se transforman en nuestro cuerpo- y entonces se «activan»). Como el principal órgano que metaboliza en nuestro organismo es el hígado, esto puede ser problemático con el alcohol y otras sustancias ya que se pueden dar situaciones de «competición» para metabolizarse. Es decir, que sobrecargamos nuestro organismo y no dejamos que haga bien el trabajo que le tocaría.
Así que en resumen, es importante evitar el alcohol cuando estamos tomando estas medicaciones.

En el caso de los porros, algunos antihistamínicos también pueden interactuar con el fitocomplejo del cannabis, por ejemplo, agravando la sensación de sueño. Y en algunos casos, presentando taquicardias como posible efecto secundario.
Y las taquicardias o arritmias también pueden darse si se mezclan antihistamínicos con estimulantes, como son la cocaína o el speed.
Hay poca información en relación a la interacción con el MDMA pero siendo que algunos antihistamínicos inhiben receptores serotoninérgicos (la serotonina es un neurotransmisor que tiene un papel fundamental en nuestro cerebro), receptores que también están afectados cuando se consume MDMA y especialmente protagonistas de los «bajones» posteriores a su consumo, no parece el aconsejable mezclar.
Por último, insistir en que algunos antihistamínicos tardan más tiempo que otros en actuar (y por tanto, también en eliminarse del organismo) así que los efectos secundarios se pueden sentir horas después de haberlos tomado y hasta el día después.

