Introducción
Cuando hablamos de drogas siempre nos situamos de alguna manera ante ellas. Existen, sin embargo, tres grandes posturas en las que normalmente nos movemos cuando pensamos en las drogas en general o en algunas sustancias en particular. Podemos hablar de estas posturas:
- Prohibicionista: Como su nombre indica busca dificultar el acceso de las personas a las drogas prohibiendo su fabricación, cultivo y distribución.
- Legalista: Trata de legalizar las drogas. Y es por la misma complejidad de las leyes que ésta se puede hacer de muchas maneras.
- Sanitaria: O de reducción de daños. Asume que hay un consumo, al margen de si están prohibidas o no las drogas, y trata de que éste sea lo menos perjudicial para la salud de la persona.
Según en qué postura nos situemos, realizaremos ciertas actuaciones y diremos ciertas cosas sobre las drogas. Si hablamos de instituciones normalmente suelen adscribirse a una u otra, pero en cuanto a las personas, pueden variar según la situación o la sustancia. Hay quien puede pensar que se debe enseñar a las personas a beber alcohol de forma segura, pero en cambio que se deben prohibir otras drogas.
El misionero
En esta primera entrada hablaremos de la postura del misionero: la prohibicionista. En primer lugar, un poco de historia, muy breve, pero que nos ayudará a situarnos. El origen de este movimiento se encuentra en EEUU a finales del siglo XIX por movimientos religiosos -mayoritariamente protestantes- que querían que la sociedad fuera sobria. Crearon movimientos sociales agresivos con nombres tan militares como: Frente Evangélico Unido, Cruzada Femenina, Unión Cristiana de Mujeres por la Templanza, etc. Se puede decir, así, que tiene un origen más moral que sanitario.
Así que con un buen apoyo popular la ley seca entró en vigor en 1919. Desafortunadamente para los grupos que la promovieron se tuvo que revocar. Todo lo que vino a raíz de la ley ya se sabe: bajada de la recaudación de impuestos, aumento del tráfico ilegal de alcohol, fabricación casera que cuando salía mal las personas se envenenaban… En la tierra de las libertades prohibían beber ¿qué incoherencia verdad?
Así comenzaron a demonizar aquello ajeno a la cultura «occidental», hecho que dio pie a las primeras convenciones contra los narcóticos. En un principio sólo eran para fiscalizar el opio y luego se fue extendiendo a todas las otras drogas. No, todas las otras drogas no: sino únicamente las drogas que no fueran las típicas occidentales: alcohol y tabaco. Esto aún continúa en nuestros días como ya sabemos. Continuará…




