Vapear (II): cigarrillos electrónicos o vappers

Volvemos al tema de vapear, tras distinguir este hecho del tabaco sin combustión.

¿Qué es todo esto de los vapers (o vappers) y de los líquidos y de los aromas y de la nicotina, que hay tanto lío?

El vapeador (no tal y como los encontramos ahora, que encontramos muchas variantes, pero si básicamente el modelo en el que se ha basado toda la industria) se inventó en 2003, enfocado directamente a ser una alternativa al tabaco. No se trata de la industria de las golosinas o los aromas artificiales que deciden hacer un nuevo formato a vapor para realizar alternativas de consumo recreativo de condimentos. Se patentó en primer lugar con cargas de nicotina, por parte de un científico chino que había perdido a su padre por un cáncer de pulmón, y que buscaba reducir los riesgos del tabaco tal y como lo conocemos.

 

 

Así que nuevo no es, se trata de un producto que está en el mercado hace años; sin embargo, a día de hoy todavía hay controversia sobre cuáles son sus efectos, o los efectos de los diferentes productos que se utilizan.

Se trata en esencia de una batería que calienta una carga líquida (o e-líquido) hasta convertirla en un aerosol, o vapor, que se inhala directamente del dispositivo.

Habitualmente, los líquidos base son propilenglicol y glicerol (o glicerina de origen vegetal), y por otro lado están los aromas, que son variantes de diferentes tipos de aromas alimentarios o aditivos químicos, además de la nicotina, en cargas que se pueden regular, e incluso no contener.

 

 

El propilenglicol se utiliza para cosas tan variadas como anticongelante de alimentos o incluso de vehículos, lubricante íntimo genital, en desinfectante de manos, lociones antibacterianas o como parte de la pintura de las bolas de paintball. Es el responsable de la apariencia del vapor. Por otro lado está el glicerol, que es glicerina, como la que se utiliza para fabricar jabón o cosméticos.

A partir de aquí, hay cientos y cientos de combinaciones con diferentes tipos de aromas y saborizantes que se han comercializado. Y el debate está abierto: los fabricantes argumentan que no hay efectos perjudiciales para la salud en estos compuestos y diferentes autoridades sanitarias discrepan y aún están revisando estudios y resultados: se debaten datos sobre la toxicidad de estos productos cuando se utiliza mal el vaporizador, problemáticas pulmonares provocadas por los vapores o la existencia de diferentes sustancias cancerígenas.

 

 

Si tienes curiosidad por conocer la composición de diferentes e-líquidos puedes echar una ojeada a esta base de datos, la E-liquid Database, donde puedes consultar qué cantidad de nicotina hay en los diferentes “sabores” así como la concentración en la que este líquido se vuelve tóxico.

Si bien es difícil resolver el debate sobre si los efectos nocivos de vapejar es complicado ya que se trata de una forma novedosa de consumo y muchos de estos saborizantes o aditivos químicos no ha sido suficientemente testados y existen pocos estudios, afirmar que se trata de algo inocuo (es decir, que no tiene efectos) es más que arriesgado. Porqué no es cierto.

Vaporizar por sí mismo no aporta beneficios, o éstos no se han demostrado; sin embargo, cada vez hay más personas ex fumadoras de tabaco “tradicional” que argumentan que vapear les ha permitido dejar el tabaco fumado y, con el tiempo, incluso abandonar totalmente la nicotina. Y eso si que es una buena noticia.

 

 

Sin embargo, debemos plantearnos de dónde viene la buena imagen que tienen estos productos, y el porqué de su popularización. ¿Quizá tiene que ver con la insistente comparación precisamente con el tabaco tradicional? ¿Quizás se hace fácil mostrarlo como algo positivo si se compara con el tabaco? Y es que casi cualquier cosa comparada con el tabaco sale ganando. Pero ¿esto es razón suficiente para consumir?

Author: la Clara

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