Vapear (I): tabaco sin combustión

¿Vapear está de moda? ¿No está de moda? ¿Es sólo algo de gente que quiere dejar de fumar? ¿O es una curiosidad de gente joven que quiere experimentar? ¿Todo lo que se vapea es igual? ¿Es perjudicial? ¿Lo es tanto como el tabaco? ¿Qué es lo que atrae del vapor?

Es difícil decir si lo que se ve en algunos Instagram populares o en youtube realmente es una tendencia que se extiende entre la gente o sólo algo visual que no se utiliza en la calle y que durará lo que tarde en aparecer otra cosa más atractiva. Lo que si es cierto es que hay muchas preguntas y curiosidad alrededor de vapejar.

Vemos si podemos resolver algunas.

Primero de todo, recientemente ha salido al mercado el conocido como “tabaco sin combustión” que ha vuelto a encender el debate en torno al vapeo y de los productos electrónicos que pueden ser una alternativa a los cigarrillos. El tabaco sin combustión no es lo mismo que los cigarrillos electrónicos, los e-cigarrillos o los vapeadores. Y es importante distinguir, porque podríamos confundirnos.

 

El tabaco sin combustión es una “novedad” aportada por grandes tabaqueras que se presenta como una alternativa a fumar, más saludable: o en teoría, con menos riesgos. No se trata de cargas de nicotina o líquidos, sino de un aparato que permite consumir las “cigarrillos” (unos específicos) sin que haya combustión.

Parten de la idea, demostrada científicamente hace años, que uno de los principales inconvenientes del tabaco en materia de sustancias tóxicas, son aquellas que se producen cuando se éste se quema y se inhala en forma de humo. Tampoco es que nos expliquen muy bien qué sustancias son, porque no interesa que se conozca lo que realmente “contiene” el tabaco, pero estaríamos hablando de reducir algunas de las entre 2000 y 4500 sustancias que puede contener un cigarrillo “tradicional”, principalmente el monóxido de carbono fruto de la combustión, entre otros.

¿Cómo funciona esto del tabaco sin combustión? Mediante una batería y un software de control, se calienta una lámina a una temperatura controlada que calienta una carga de tabaco (un cigarrillo de tipo específico) y hace que “se libere” sin llegar a quemar. Si los cigarrillos queman a unos 800ºC, estos dispositivos van de 260 a 300 aproximadamente. Hay una diferencia realmente.

Estas empresas insisten en que no se está “fumando”, que es otra cosa. Y que seguro que si es diferente a fumar, es menos perjudicial.

 

Pero las cargas siguen siendo tabaco; esto es ni más ni menos lo que se está consumiendo. Los cigarrillos de carga se compran en los estancos y están sujetos a las mismas regulaciones que el tabaco “tradicional”.

Así que se trata de una alternativa que elimina la combustión pero que sigue siendo tabaco, controlada por la misma industria tabacalera. Parece obvio y parece que nos repetimos, pero es muy importante tenerlo en cuenta. Hay quien argumenta que la industria ve como el tabaco se va haciendo impopular, precisamente por todos sus riesgos para la salud, y necesita no perder clientela, así que seguirá buscando maneras de tenerla “satisfecha”. Así, ¿les interesa la salud de la gente o no perder ingresos?

Aunque cualquier cosa que elimine el hecho de que inhalamos tóxicos fruto de combustión es positivo, sólo para que nos quede claro, incluso las mismas empresas admiten que es un producto que tendrá multitud de consecuencias para la salud y que está pensado para fumadores/as que quieren seguir fumando, pero que quieren hacerlo con “menos riesgos”.

 

 

Y entonces, ¿seguirá interesando que se asocie el hecho de “vapear” a un imagen atractiva, interesante, de moda? ¿Y a quién le interesará?

Author: la Clara

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