Confinamiento y drogas (I): ¿cómo nos sentimos?

El confinamiento ha traído cambios, muchos cambios! Algunos muy visibles y otros menos, pero todos importantes a su manera. Nuestra relación con las drogas, si es que tenemos alguna, quizá también se ha visto modificada de alguna manera.

Hemos tenido algunos días para pensar en ello, ¿verdad? Desde el hecho de tener que quedarse en casa (¡una medida importantísima que tenemos que seguir lo mejor posible!) y no salir con las amistades, pasar estos días con la familia que quizás no sabe que consumimos, tener discusiones familiares al respecto, notar como nuestros «hábitos» con las sustancias se van modificando, o muchas otras situaciones que habrán ido apareciendo. Y todo esto no ha venido solo, sino que se suma a otros cambios e incertidumbres, como qué pasará con los estudios o el trabajo, con las relaciones que estaban empezando o en un momento delicado antes del confinamiento, con los planes de futuro…

Durante estas semanas hemos podido sentir muchas cosas: desde momentos de ansiedad a sensaciones de cansancio o abatimiento, desde alegría por pequeñas y grandes cosas a tristeza por momentos concretos o sin explicación, también nervios, impotencia, frustración, miedo, rabia… Algunas de estas emociones podemos identificarlas claramente, y saber porque surgen, pero otras nos pueden costar más, tanto de identificar como de reconocer el porqué. Las emociones no se dividen entre buenas y malas, todas tienen un sentido y nos sirven para afrontar y procesar las situaciones en las que nos encontramos, adaptarse a ellas y aprender. Y es legítimo que nos sintamos de muchas maneras diferentes, a veces mejor y a veces peor; no nos debe dar vergüenza, no es algo que tengamos que ocultar ni ignorar, ni siquiera pasar a solas.

 

 

Saber que es algo que nos está pasando a todos y todas (cada quién a su manera) debería ser un alivio pero no siempre lo es. ¿Cómo saber qué cosas son «normales» en un momento que no tiene nada de normal? ¿Cómo gestionar estas emociones, tan intensas a veces, de una manera que sea positiva? ¿Cómo aceptar las emociones menos positivas y convertirlas en otra cosa?

Algunos os preguntaréis qué tiene que ver esto con las drogas, y otros ya estaréis encontrando alguna relación. ¿Quizás tengo más ganas de fumar un cigarrillo cuando estoy nervioso/a? ¿O más ganas de fumar un porro cuando me empiezo a angustiar? ¿O de beber algo con alcohol cuando estoy triste y no me apetece sentirme así? ¿Quizás tengo unos momentos más «bajos» y creo que tomar alguna de estas cosas me hará sentir mejor o ni que sea sentir algo diferente?

Consumir en estos momentos puede tapar y distorsionar estas emociones, que en sí mismas no tienen nada de malo y que deberíamos enfrentar de alguna manera para poder aprender y dejarlas atrás, especialmente porque si no lo hacemos volverán a aparecer en otros momentos y tampoco sabremos cómo gestionarlas, y volverán a aparecer de nuevo y otra vez y otra vez. Y entonces estos consumos serán una costumbre y no sabremos cómo hacerlo sin ellos. Y es importante pensar en ello también porque consumir, aunque lo pueda parecer momentáneamente, no elimina estas emociones y menos si están relacionadas con el confinamiento, sino que generalmente las pospone y a veces incluso las magnifica.

 

 

Una de las cosas que nos hemos podido plantear estos días es en qué momentos consumimos y por qué razones. Detengámonos a pensar en ello, si no lo hemos hecho ya, porque nos puede dar muchas pistas: ¿es porque realmente lo disfruto (y aquí no vale la primera respuesta que nos venga a la cabeza, sino que tenemos que preguntárnoslo realmente)? ¿O es porque no quiero pensar en otras cosas, sentirme como me siento o porque ya es un acto mecánico?

Si la respuesta es la segunda, o más la segunda que la primera, quizás nos irá bien plantearnos algunas herramientas para buscar alguna solución. Además de procurar mantener algunas rutinas que nos hagan sentir bien (como organizarnos las horas de estudio o teletrabajo si tenemos, hacer actividades o dedicar tiempo a «hobbies», etc.), podemos buscar momentos de desconexión de las pantallas y de conexión con las personas que tenemos en casa, cuidar nuestras relaciones online (aunque a ratos nos pueda dar pereza), o buscar mecanismos para enfrentar la ansiedad, como hacer un poco de actividad física que te guste (estiramientos, yoga, calistenia, zumba…), también bailar o reír o hacer bricolaje, o practicar ejercicios de relajación. Y a todo esto, dedicarnos un tiempo y un espacio, a solas o en compañía, para explorar nuestras emociones y darles el lugar que les corresponde.

Para poder tomar algunas ideas os recomendamos este material, una guia llamada “Com trobar-hi sentit: consells pràctics per a joves durant el confinament«, para empezar!

Author: la Clara

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.