Confinamiento (I)

Horas que pasan a velocidades extrañas, días que se confunden, mañanas que parecen tardes y noches donde ya estás cansado sin haber hecho muchas cosas… un poco de dolor de cabeza por estar encerrada en casa y sensaciones que cuesta identificar… El confinamiento tiene muchos impactos, también en las pequeñas cosas de nuestro día a día y de cómo nos sentimos.

Y especialmente en estas semanas, nuestra relación con las «pantallas» (y quizás también con las drogas) ha cambiado y se ha vuelto una de nuestras fuentes principales de entretenimiento, de sostenimiento de relaciones, de contacto con las informaciones y noticias del exterior? Quizás en estos días hacemos un uso mucho más intensivo, ininterrumpido y constante? Quizá incluso hacemos un uso que nos está empezando a traer consecuencias negativas?

A través de las pantallas están surgiendo iniciativas imprescindibles de todo tipo, nos permiten mantener el contacto con nuestros seres queridos en múltiples formatos (videollamadas, juegos online, chats en grupo…), nos facilitan seguir al día con las tareas académicas o el trabajo, podemos organizar una red vecinal de apoyo, o entretenernos con un catálogo casi infinito de series, películas, tutoriales y contenidos audiovisuales… En muchos momentos, las «pantallas «nos están haciendo los días más llevaderos.

 

 

Pero también nos generan otras sensaciones menos agradables: saturación de la cantidad de grupos o mensajes que estamos recibiendo, dificultad para procesar toda la información que circula, binge watching y visionado de vídeos sin fin… y es que las pantallas son un «buen» recurso cuando no sabemos muy bien qué hacer, ya menudo acabamos haciendo las cosas de manera automática.

Desconectarse unas cuantas horas diarias (prueba con una o dos para empezar), sacar los datos o la conexión de los dispositivos para centrarse en una tarea, elegir los contenidos que se quieren ver en cada ocasión, destinar un tiempo al día sin pantallas… pueden ser prácticas que ayuden a que nuestros días estén menos «saturados», a que descansemos mejor y a que tengamos tiempo mental para disfrutar de las cosas.

Y de contrapartida, podemos aprovechar para hacer todo de actividades sin pantallas para las que no tenemos tiempo en nuestro día a día, como leer en papel (aquellos cómics o libros que siempre tenemos pendientes), entretenernos creando y dedicando tiempo a aquella afición para la que nunca tenemos horas (haciendo manualidades, piezas artísticas con materiales reciclados, coser nuestro cosplay, experimentar con los instrumentos, poner en práctica recetas propias, etc.), o cualquier otra cosa que se nos ocurra. Y también nos podemos plantear hacer cosas que pueden tener un impacto aún mayor en este confinamiento, como participar en la red de apoyo de nuestro barrio o echar una mano a los vecinos y vecinas que están en situaciones más complejas que la nuestra.

 

Precisamente en estos días, y por estos motivos, es importante que nos escuchamos, que nos cuidemos y que aprovechamos para plantearnos cosas que harán que sostengamos las jornadas con más bienestar y, quién sabe, volvemos a la normalidad con nuevos planteamientos y hábitos, incluso nuevas relaciones y nuevas experiencias, que nos aporten y nos enriquezcan y nos permitan disfrutar.

¿Hablamos un poco del tema?

Author: la Clara

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